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Miguel Ángel es una persona generosa y un activista convencido que llegó a encadenarse en 1999 junto con otras 10 personas y cerrar una de las arterias principales de la ciudad de Panamá para lograr el acceso a tratamiento. Durante 10 años no tuvo síntomas y es donde, enfatiza, reside el grave peligro de la transmisión. Su profesión es diseñador gráfico, caricaturista e ilustrador que comparte con su compromiso de vivir sensibilizando sobre el VIH para evitar que otras personas puedan ser contagiadas por la epidemia.
¿Cuales han sido son los cambios que se han producido con respecto a la epidemia del VIH en los últimos años en Latino América?
En los últimos 12 años ha habido un cambio de comportamiento de la epidemia. A finales de los 80 y principios de los 90, eran hombres que mantienen sexo con hombres, bisexuales y transexuales, incluyendo a los trabajadores comerciales del sexo. La epidemia se ha ido feminizando y también se ha ido expandiendo a la población heterosexual. Podemos plantearnos que el problema ha sido que los planes estratégicos y las diferentes iniciativas y acciones en prevención se han dirigido mayormente a la población considerada como más vulnerable.
Las personas heterosexuales piensan, que por el simple hecho de serlo y no pertenecer a los grupos clasificados como vulnerables, no van a contraer el VIH. Y esto es la consecuencia directa de que la epidemia se esté feminizando. El hombre heterosexual no ha sido incluido directamente en las campañas de prevención y en los procesos de IEC (Información, Educación y Comunicación en VIH). Las mujeres están siendo infectadas por sus esposos, por sus compañeros y aunque se han promovido muchas campañas, programas e iniciativas tendentes a empoderar a la mujer sobre como negociar el uso del preservativo, no están funcionando porque no se esta trabajando con la contraparte. Por eso no se está avanzando todo lo necesario ya que no estamos educando, al mismo tiempo, al hombre heterosexual. Hoy en día en Panamá, por ejemplo, actualmente la población afectada del grupo heterosexual ha superado en porcentaje a la población HSH (hombres que tienen sexo con hombres).
Tal vez hemos concebido mal el concepto de vulnerabilidad enfocándolo solo al comportamiento y a la preferencia sexual y no al desconocimiento y a la ignorancia de la población en general.
¿Qué hacen desde la Cruz Roja para movilizar y sensibilizar a los jóvenes?
Considero que con la población joven se han hecho grandes esfuerzos, pero mi conclusión es que nunca, con los jóvenes éstos esfuerzos son suficientes. Debemos continuar trabajando con la juventud ya que dentro de este grupo se concentra todos los demás grupos potenciales. Debemos comprender que en la Juventud encontraremos a los futuros HSH, a los futuros trabajadores sexuales, a los futuros usuarios de drogas. Nadie sabe lo que va a hacer un joven cuando llegue a ser adulto y por eso es importante que nos adelantemos.
A titulo personal como activista y voluntario de la Cruz Roja en Panamá llevo 10 años trabajando en el programa de VIH-SIDA preferentemente con la Cruz Roja de Juventud en la capacitación y formación de facilitadotes que asumen el rol de agentes multiplicadores de la prevención. Estoy plenamente convencido de que los jóvenes tienen la capacidad para frenar el avance de la epidemia. La educación sexual es un hito muy importante para las iniciativas de prevención.
Entre el año 2004 y 2006 fui el coordinador nacional del programa “Juntos si podemos” (“Together we can”) para educación de pares de la Cruz Roja en Panamá en escuelas, centros educativos para jóvenes adolescentes. Durante este tiempo pude formar a más de 2.000 jóvenes en Panamá y en la región de Centroamérica dónde, además, se incluyeron a jóvenes que viven con el VIH en estos programas de educación de pares.
Creo que ahora la acción de la Cruz Roja de Panamá en el VIH-SIDA es mucho más visible, por mi participación en todas las conferencias y foros internacionales, Red Latinoamericana Y Red Centroamericana (REDLA+ y REDCA+)de personas que viven con el VIH (PVVS). También he contribuido en la creación del Plan Nacional de Salud sexual y Reproductiva, en el Plan Estratégico Nacional de VIH-SIDA.
¿Cómo se enfrenta usted a la vida cada día siendo una persona seropositiva?
La visión que uno tiene de la vida cambia. Yo me apoyo mucho en las prácticas orientales donde la vida y la muerte son una transición dónde la vida continúa de otra forma. La muerte está en el último plano de sus vidas. Cada día me levanto con la meta de seguir luchando para conseguir vivir lo mejor posible pero además el instinto te hace agarrarte a la vida. Los tratamientos están logrando alargar la vida pero no basta con las pastillas, queremos tener calidad de vida, poder adquisitivo, auto sostenibilidad y tener acceso a los derechos humanos fundamentales como el derecho al trabajo, a la vivienda o a la alimentación adecuada. Una buena alimentación puede contrarrestar los efectos secundarios de la terapia. El costo de una persona por mes esta entre los 500 y los 1000 dólares por mes.
¿Cuál cree usted que debería ser el papel de los gobiernos?
Todo esto implica que los gobiernos tienen que asumir un compromiso social más eficiente y más efectivo sobretodo porque el fenómeno del SIDA y la pobreza van ligados de la mano. Los Organismos Internacionales y los propios Gobiernos deben contemplar este tema como algo esencial para que estas personas tengan una vida digna. El acceso a los tratamientos es porque esta comprobado que una persona con una carga viral muy baja o indetectable tiene una muy baja probabilidad de transmitir el VIH, incluso algunos estudios han demostrado que si hay una carga viral muy baja no hay riesgo de transmisión del VIH.
Es importante en las políticas de educación, la educación sexual y la prevención del VIH. Para empezar hay que educar a los educadores, ya que existe un gran desconocimiento por parte de este colectivo. En los años 80 y 90 se empezó a ver con preocupación de niños seropositivos y huérfanos que habían nacido con la epidemia. Estos niños ahora son adolescentes y algunos están llegando a la edad de adultos. Ellos tienen derecho a desarrollar su sexualidad y probablemente querrán tener familia pero la falta de orientación con estos jóvenes pueden facilitar el contagio de la epidemia. La orientación sirve para que aprendan a protegerse y a proteger a su pareja.
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