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El mal de Chagas
El mal de Chagas se considera como una de las “enfermedades descuidadas” de la región el cual ha sido tradicionalmente marginal al sector de la salud. Propagada por insectos que proliferan en viviendas de bajo nivel, la enfermedad afecta desproporcionadamente a personas pobres y el tratamiento para ésta es limitado. La transmisión de cerca del 80% de los casos se debe a la vinchuca, también conocida como “insecto asesino” que vive en las grietas y huecos de paredes de barro y pica a las personas mientras duermen, con frecuencia cerca de la boca. El parásito entra en el cuerpo cuando la persona se rasca o se frota los ojos, luego se reproduce en los tejidos internos y causa problemas en el corazón, el esófago, el colon y el sistema nervioso. El mal de Chagas también puede transmitirse por transfusiones de sangre, transplante de órganos y de madre a hijo durante el parto. Se calcula que en la región de las Américas hay 40 millones de personas expuestos al riesgo de contraer la enfermedad.
Entre las medidas eficaces de control del Chagas se encuentran la fumigación y las mejoras a la vivienda, el tamizaje de la sangre y las pruebas a las embarazadas. El programa de Chagas de la OPS, con sede en Uruguay, apoya numerosos esfuerzos internacionales para luchar contra la enfermedad, como iniciativas subregionales en el Cono Sur, América Central, la Amazonía y la región andina. Entre 1991 y 2000 la iniciativa del Cono Sur logró reducir en 94% la incidencia de Chagas en siete países. La iniciativa fue citada recientemente en el libro Millions Saved, publicado por el Centro para el Desarrollo Mundial.
El programa de la OPS que se ocupa de la enfermedad de Chagas prestó cooperación técnica, facilitó el trabajo entre los países y se asoció con la Cruz Roja, la Agencia de Cooperación Internacional del Japón, la Agencia Canadiense para el Desarrollo Internacional, Médicos sin Fronteras, el Banco Interamericano de Desarrollo, la Cruz Roja y la Comunidad Europea entre otros.
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