Violencia en los barrios de Nicaragua
18 de septiembre de 2003
Por Marko Kokic en Managua
Se aproxima a la calle un grupo de hombres
jóvenes, miembros de una banda llamada Los Charcones,
trayendo picos y palas. Acaban de enterrar a Norvin Sánchez,
de 19 años, muerto a puñaladas pocos días
antes en una pelea. La banda rival, Los Roqueros, al percatarse
de la invasión se junta rápidamente para enfrentarla.
Se intercambian insultos y burlas. Uno de los Charcones mayores
da un paso adelante. Señala a Los Roqueros con un palo,
blandiéndolo como si dijera "arreglaremos esto
en otro momento". Los Charcones se marchan y una tensa
calma vuelve al barrio.
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| Perteneciendo
a una "mara" los jóvenes se sienten identificados
y tienen la semación de pertenencia, algo difiícil
de encontrar en la Nicaragua post-conflicto. |
En Nicaragua la guerra terminó
oficialmente hace trece años, pero la lucha continúa
en las calles. Los combatientes no usan uniforme ni contienden
por diferencias ideológicas. Luchan por un territorio,
a veces por unas pocas manzanas de una ciudad o por una cancha
de fútbol. Sus armas van desde los primitivos palos
y cuchillos, pasando por escopetas de fabricación casera,
hasta los rifles de asalto AK-47 y las granadas de fragmentación.
Cientos de bandas con miles de miembros son responsables de
casi la mitad de los crímenes que se cometen en el
país.
La Cruz Roja sale a la calle
El proyecto "Casa Base" de
la Cruz Roja, dirigido por la Cruz Roja Nicaragüense
en colaboración con el Ministerio de Salud, permite
controlar el crecimiento y el estado general de salud de los
niños de las comunidades participantes. Normalmente,
alguien ofrece su casa como base desde la cual los promotores
de salud de la Cruz Roja pueden trabajar. Además, se
ofrecen a las madres programas de formación en salud
y nutrición, especialmente para prevenir diarreas y
enfermedades respiratorias. La vigilancia y el seguimiento
se efectúan mediante visitas a domicilio. El programa
es una manera de aliviar el ya sobrecargado sistema de salud
utilizando a los voluntarios de la Cruz Roja como auxiliares
del dispensario de la comunidad. En la actualidad 90 voluntarios
participan en el programa.
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| La
Cruz Roja ha reconocido que los líderes de las
maras son también líderes comunales, por
eso, les hace participar en sus programas. Es un modo
de entrar en la comunidad. |
Según Richard McCabe, jefe de
la delegación de la Cruz Roja Canadiense en Nicaragua,
un proyecto como Casa Base, en el barrio San José de
Tipitapa, es "un modo de entrar en la comunidad, una
manera de dar participación a la población y
de demostrar que puede cambiar las cosas asumiendo la responsabilidad
de su salud". Pero a medida que el número de bandas
aumenta, una cultura intrísecamente social, vibrante,
apasionada, que estaba en la calle, se va retirando detrás
de las paredes, los portones y la alambrada de navajas.
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| La
Cruz Roja trabaja en los barrios más pobres promocionando
la salud de los niños. |
Hay en Tipitapa por lo menos 20 bandas
o pandillas, como se las llama en su tierra. Cuando la filial
de Tipitapa de la Cruz Roja Nicaragüense empezó
a trabajar en esta comunidad, hace dos años, sus voluntarios
estuvieron a punto de tener problemas con ellas. Ocho meses
antes, robaron a punta de cuchillo a unos voluntarios de la
Cruz Roja de la juventud que hacían visitas a domicilio.
En otra ocasión, unos voluntarios se enfrentaron a
miembros de una pandilla y recibieron disparos de un cañón
de fabricación casera. Nadie fue herido, pero el mensaje
quedó claro.
"Podríamos haber recurrido
a la policía, pero eso sólo hubiera empeorado
las cosas", explica Edgar Sánchez, facilitador
de salud comunitaria de la Cruz Roja Nicaragüense. "Decidimos
entablar un diálogo con los jefes de la banda para
explicar cómo ayudamos a la comunidad, a sus amigos
e incluso a sus familias. Son los dirigentes naturales de
las comunidades en las que trabajamos y fue un error no haberlos
tenido en cuenta antes".
Las drogas y la violencia
Durante la guerra civil de los años
ochenta, las personas huían de los combates que se
libraban en las zonas rurales y buscaron seguridad y trabajo
en las ciudades. Cuando en 1990 terminó la guerra,
92.000 soldados fueron desmovilizados sólo para volver
a la pobreza y el desempleo. Empobrecidas, las comunidades
periféricas como Tipitapa, con sus 175.000 habitantes,
no pudieron absorber una mano de obra no especializada tan
numerosa.
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| Durante
una visita a domicilio, la promotora de salud de la Cruz
Roja, Jenny Cataño, pesa y mide a uno de los bebés
de la comunidad. |
La pertenencia a una banda ofreció
a muchos una manera de encajar en las nuevas realidades tras
el conflicto de Nicaragua. Aunque la mayoría de los
ex combatientes y otros adultos se retiraron de las bandas
por la edad, nuevos integrantes han ocupado su lugar, ya que
más del 60% de la población nicaragüense
es menor de 25 años. En 1988, se calculaba que había
20 bandas en Managua, la capital; hoy son más de cien.
La guerra expuso a la población
a grados de brutalidad sin precedentes. Como consecuencia,
los crímenes violentos se triplicaron desde 1990. La
violencia doméstica es el flagelo de los barrios más
pobres, mientras que el tráfico de drogas y el comercio
de armas ilícitas alimentan la guerra urbana. La afluencia
de integrantes más duros procedentes de los Estados
Unidos como consecuencia de las deportaciones ha hecho también
más violentas las bandas de Nicaragua.
La pobreza como causa fundamental
Una visita a las casas de algunos integrantes
de Los Roqueros revela las condiciones extremas de pobreza
que soportan ellos y sus familias. Nicaragua tiene el índice
de embarazo de adolescentes más alto de América
Central, con el 45% del total de los embarazos de niñas
de entre 15 y 19 años. América Central sigue
siendo sumamente conservadora por lo que respecta a la educación
sexual y la planificación familiar. "Cuando los
niños tienen hijos, es desastre garantido", dice
el voluntario de la Cruz Roja, Oscar Danilo Santa María,
promotor de salud. "Si la vida familiar es insoportable,
los hijos buscarán afuera el amor y el apoyo que necesitan.
Mire a su alrededor; verá todas esas criaturas rondando
a los integrantes mayores de la banda. Éstos son los
modelos".
Los diarios locales, en lugar de analizar
las razones de su existencia, estigmatizan a las pandillas.
A Los Roqueros les preocupa algo totalmente diferente de lo
que dicen los diarios. Quieren un lugar seguro para jugar
al fútbol. De hecho, gran parte de la lucha entre ellos
y la banda rival tiene por motivo el control de la cancha
de fútbol.
"Fundamentalmente somos amigos que
salimos juntos", explica Castillo, otro jefe de los Roqueros.
"Formamos esta banda hace unos cinco años para
protegernos de otras bandas".
Los tres jefes de Los Roqueros tienen objetivos modestos.
Monstro querría ser carpintero, Castillo gerente de
una empresa y Lulú ingeniero. El elevado índice
de desempleo sumado a la escasa educación hacen que
estas carreras parezcan muy fuera del alcance de Los Roqueros.
"Es obvio que si queremos seguir
trabajando en la comunidad debemos abordar las cuestiones
de la banda de un modo u otro. Aparte de garantizar la seguridad,
tenemos la oportunidad de dar, por medio de la Cruz Roja,
una solución a los jóvenes", explica Edgar
Sánchez, de la Cruz Roja Nicaragüense.
Lo principal es la renovación
de la comunidad
Hace tres años el dispensario
de la comunidad de Tipitapa se parecía mucho a sus
barrios, destrozado y amenazado por las bandas. Reconociendo
los aspectos vulnerables de la comunidad, la Cruz Roja Canadiense
invirtió fondos de la Agencia Canadiense de Desarrollo
Internacional en la reparación del dispensario.
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| Richard
McCabe, delegado de la Cruz Roja Canadiense en Nicaragua,
vista el proyecto Casa Base, un componente clave de los
programas integrales de salud. |
"Como programa integrado de salud,
no podemos trabajar en forma aislada de otros problemas de
la comunidad y esperamos que mejore la salud global",
dice Richard McCabe, jefe de la delegación canadiense.
"La renovación del dispensario de la comunidad
y el establecimiento del programa Casa Base son pasos modestos
e importantes porque constituyen un símbolo de lo que
puede una población que rescata su comunidad".
El programa integrado de salud es sólo
el principio de la renovación de la Cruz Roja en Tipitapa.
Se reconoce que para abordar otras cuestiones que afectan
a la comunidad habrá que trabajar más. El miedo
y las bandas tienen prioridad. |