Las huertas comunitarias
reducen el riesgo en el Uruguay
Por Paola Chorna en Melo, Uruguay
Sóñora es conocida localmente
como “la isla”, ya que cada vez que el arroyo
Conventos,- que separa a esta comunidad de la ciudad de Melo-,
se desborda o hay inundaciones, la comunidad queda completamente
aislada.
Es un mito creer que Uruguay es
un país ajeno a los
desastres. En aquel pequeño país sudamericano,
las inundaciones son una constante amenaza, que además
traen aparejadas una serie de epidemias y enfermedades.
Las aguas del arroyo Conventos,
donde la mayoría
de los habitantes de Sóñora pescan y se bañan,
distan de ser limpias y puras. En esta comunidad que alberga
a más de 600 familias no existen sistemas de agua
y saneamiento, y como consecuencia de ello, este año
se registraron varios casos de desnutrición y más
de cien casos de hepatitis A.
Sóñora, ubicada en el norte del Uruguay, casi
en la frontera con Brasil, pertenece al Departamento de Cerro
Largo. Dicho lugar, fue uno de los elegidos por el Programa
Camalote que cuenta con el apoyo de la Federación
Internacional y, a través del cual, la Cruz Roja Argentina,
Paraguaya y Uruguaya, trabajan con las comunidades más
vulnerables para mejorar su calidad de vida, especialmente
evaluando sus mayores necesidades y fortaleciendo sus habilidades
para prevenir y mitigar los efectos de los desastres.
“La reducción de riesgo debe estar presente
no sólo en el trabajo de respuesta ante los desastres
como puede ser una inundación, sino también
en relación a otros riesgos que son consecuencia de
la vulnerabilidad de la misma pobreza” , dijo Luis
Dachi, Coordinador del Programa Camalote de la Cruz Roja
Uruguaya.
Camalote se encuentra desarrollando
dos micro-proyectos en Sóñora: huertas comunitarias y apicultura. “Estamos
felices ya que la gente de la comunidad de Sóñora
está respondiendo muy bien, asistiendo a cada una
de las clases sobre huertas orgánicas, y hasta han
firmado un acuerdo entre los mismos vecinos para crear un “banco
comunitario de herramientas” para el trabajo del suelo
y los cultivos. Esta es una señal evidente de solidaridad”,
afirmó Elisa Maggi, coordinadora del Programa en la
filial de la Cruz Roja Uruguaya de Melo.
Estos micro proyectos pueden parecer
pequeños vistos
a escala, pero según afirma María Alejandra
Olivito, Coordinadora del Programa Camalote en la Oficina
en Buenos Aires de la Federación, los mismos están
teniendo resultados más que significativos: “Estos
programas de bajo costo para las comunidades han tenido un
impacto muy beneficioso a través del grado de participación
e involucramiento de sus miembros, y además logrando
los objetivos del programa, ello sería el mejoramiento
de la calidad de vida de las personas más vulnerables
en aquellos lugares donde el mismo esta siendo implementado”.
La Cruz Roja provee a las familias,
no sólo la capacitación
sino también las semillas que ellos plantan. Luego
reciben también clases de cocina y los secretos de
la conservación de los alimentos una vez cosechados.
“Ello también es un aporte para que la gente
de la comunidad logre tener una dieta balanceada, y puedan
conseguir una “autogestión alimentaria”.
Es otra aproximación al concepto de reducción
de riesgo. El resultado serán personas bien alimentadas
con la posibilidad de poder realizar además un micro-
emprendimiento como forma de hacer frente al alto grado de
desocupación que afecta al Uruguay”, agregó Olivito.
“Cabe destacar la importancia de poder brindarle a
la comunidad todos estos talleres” agregó Dachi. “Existe
un número creciente y alarmante de casos de desnutrición
y de menores con bajo peso y talla en Melo, es por ello que
la Cruz Roja Uruguaya refuerza las clases también
con charlas acerca de prevención de enfermedades,
cólera, dengue, hepatitis, así como también
sobre género, violencia doméstica, entre otras”
“Nuestra meta principal es romper la mentalidad y
paradigma del asistencialismo y caridad. Sabemos que tenemos
que apoyar a la comunidad y acompañarlos, pero al
final del camino, ellos estará capacitados para hacer
frente a las necesidades por ellos mismos”, sostuvo
Dachi.
El Sr. Peralta vive en la comunidad
de Sóñora.
Posee una casita humilde, pero una huerta orgánica
bien prolija y organizada. “Mis cultivos son para consumo
personal y para la familia. Tengo cuatro hijas y diez nietos,
todas las semanas les entrego vegetales para que se alimenten
bien. Esa es mi forma de ayudarlos. También distribuyo
maíz, zanahorias, tomates, porotos y brócoli
entre mis vecinos”, explicó.
Cuando consigue una buena cosecha,
Peralta lleva algunos frutos y vegetales al comedor comunitario
de Sóñora,
es decir, comparte lo que obtiene con aquellos menos afortunados
que él. “Desde que tengo mi propia huerta, se
puede decir que tengo algo, pero todavía hay gente
que no tiene nada para comer”, dijo.
“Ahora espero ansioso el curso de conservación
de alimentos. La Cruz Roja nos ayuda un montón y nos
brinda el coraje para poder aceptar nuevos desafíos” concluyó Peralta.
Proyectos similares impulsados
por Camalote tienen lugar en Paraguay, a pesar de la sequía que afecta a dicho
país hace mas de dos años.
“Las personas mantienen sus huertas comunitarias en
base a un gran esfuerzo. Las mujeres cargan con pesados baldes
con agua sobre sus cabezas desde lugares lejanos para poder
regar los cultivos”, afirmó Rocío Yubero,
Coordinadora de Camalote en la Cruz Roja Paraguaya.
“Gracias al apoyo de la Cruz Roja, la gente ha tomado
conciencia de la importancia de tener una huerta orgánica
familiar de donde obtener su propio alimento”, concluyó Yubero.
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