Cruz Roja Peruana

Lima, 27 de Julio del 2001

Un frío amanecer en las montañas

Eduardo Chavero es voluntario de la Cruz Roja Peruana. Cuando el terremoto del pasado 23 de Junio asoló Perú, viajó a la zona afectada a trabajar y apoyar el operativo de ayuda humanitaria que llevó adelante la Cruz Roja Peruana. Escribió una crónica del trabajo la compartimos con todos los lectores de la página web de la Federación.



Salimos de Arequipa el día 30 de Junio a las 06.30 horas, después de un largo viaje de más de 24 horas llegamos al distrito de Viraco a 3,800 metros sobre el nivel del mar, en la provincia de Castilla. El 1 de Julio y siendo las 21.30 horas, nos encontrábamos muy cansados pero con la alegría de haber llegado al destino. Eramos un grupo de ocho voluntarios de Cruz Roja Peruana, la única entidad de ayuda humanitaria que acudía llevando socorros a este distrito. Lo mismo hicimos en los distritos colindantes e instalamos una base operativa en Viraco para toda la zona alta de la provincia, atendiendo cuatro distritos con un total de 1,200 familias y más de 4,500 personas afectadas en 15 días. La ayuda consistió en carpas, plásticos, frazadas, alimentos, ropa y medicinas.

Al amanecer, después de haber descansado a medias, nos levantamos a asearnos y ¡oh! sorpresa, el agua era la más fría que habíamos sentido; las manos se nos cuarteaban de frío pero valió la pena soportar esas incomodidades de las que no estamos acostumbrados. Luego, muy temprano en la mañana, comenzamos la evaluación de daños y análisis de necesidades y las imágenes que veíamos eran impactantes.

Un lugar que alguna vez fue la avenida principal del pueblo ahora era sólo una zona completamente devastada. Parecían las escenas de aquellas películas de la segunda guerra mundial donde se veían sólo escombros humeantes y paredes a punto de derrumbarse producto de un bombardeo; sólo unas 8 casas de todo el pueblo no habían sufrido daño alguno por ser de material noble y todas las demás tenían daños desde parcial hasta destruidas completamente.

Los pobladores estaban muy temerosos de las réplicas y las pocas casas que quedaban en pie ya que no ofrecían ninguna condición de seguridad, por lo que tomamos decisiones inmediatas y habilitamos albergues temporales para satisfacer las primeras necesidades. Las autoridades no realizaban la remoción de escombros ni la rehabilitación básica; no contabamos con energía eléctrica, teléfono ni otros medios de comunicación. Antes de partir de Arequipa nos asignaron un teléfono satelital, tecnología de punta, lo último en comunicaciones desde cualquier lugar. Pero allá en Viraco, provincia de Castilla, no lo pudimos utilizar, fue imposible enviar o recibir comunicaciones telefónicas. Después de varios días de ardua labor e intenso frío, las infecciones respiratorias agudas iban en aumento vertiginoso. Hubo que atender y evacuar a varias personas de los campamentos, entre ellos a una compañera cruzrojista. Con el paso de los días, comenzamos a sentir la escasez de alimentos, no había ya que comer ni que comprar. ¿Qué hacía con dinero si no había que comprar? Logramos comunicarnos con Arequipa para realizar unos requerimientos los cuales nos lo solicitaban vía fax pero, como en este pueblo no se conocía eso optamos por salir a cazar un cóndor para utilizarlo como mensajero y poder obtener los requerimientos pero de mala suerte, ¡hasta los cóndores morían de frío y no había vuelos por el mal tiempo!. Esas anécdotas nos levantan la moral para seguir trabajando por los afectados y acrecienta nuestro gran amor a la institución que nos formó para estos trabajos y la alegría tan
inmensa de trabajar con una comunidad a la cual la primera y única institución que respondió en el momento oportuno fue la Cruz Roja Peruana.

En 48 horas de ardua labor por parte de nuestros voluntarios, y con el apoyo de las autoridades y los afectados por el sismo, cubrimos la totalidad de este distrito con sus respectivos anexos, levantando 10 refugios temporales, albergando 457 familias que habían perdido todos sus bienes. Para esta labor nos desplazamos en grupos de dos voluntarios por anexo. Para llegar vencimos muchos obstáculos,
arriesgando incluso nuestra integridad física por lo accidentado del lugar; caminando en algunos casos hasta 6 horas y en otros a lomo de mula. Fue indescriptible la alegría de los pobladores al vernos llegar con la ansiada y esperada ayuda, lo cual nos motivaba a seguir incansables jornadas de trabajo.

Luego de terminar Viraco, continuamos con los distritos de Pampacolca y Tipan trabajando de la misma manera, luego seguimos con el distrito de Machaguay. Continuamos la labor llegando a los anexos de Taparza, Arwin y Aguasana los cuales se encontraban colapsados sin servicios básicos (luz y agua), los suelos presentaban grietas de hasta un metro de ancho por unos 30 centímetros de profundidad.

Una experiencia inolvidable fue la de Huasiccac, anexo del distrito de Machaguay a 4 horas con 30 minutos a lomo de mula por una serie de abismos. En el preciso instante en el que pasábamos por una parte del camino de herradura que se había derrumbado el día del sismo, se produce un deslizamiento por el que casi cae la mula y el que escribe esta nota (no se lo digan a nadie pero senti miedo). Estos son los retos y riesgos por los que tenemos que pasar los voluntarios para cumplir con la misión encomendada, motivados por el espíritu cruzrojista y la satisfacción personal del deber cumplido.

De la misma manera en la que estos pobladores de la región nos dieronlas gracias quiero agradecer de forma muy especial a mi madre por el apoyo incondicional a mis labores de Cruz Roja, y a la misma institución por haberme formado para estas tareas y darnos la oportunidad de demostrar lo que nos enseñaron, y el simple pero maravilloso hecho de trabajar por los afectados y los más vulnerables en los momentos que necesitan una mano amiga que les brinde apoyo moral y saber que tienen personas que se preocupan por ellos.

También un sincero reconocimiento a todos y cada uno de los componentes del equipo que trabajó en la Base Operativa de Viraco, voluntarios de las Filiales de Arequipa y Castilla que demostraron responsabilidad, desprendimiento, coraje y temple para vencer situaciones adversas y el trabajo bajo mucha presión, y soportar los movimientos y esquivar derrumbes de tierra permanentemente.

Un agradecimiento y un reconocimiento a la Cruz Roja por haber confiado en nosotros para esta tarea y sobre todo darnos la oportunidad de crecer demostrando lo aprendido, y para mi compañero Diego Jara Carpio con el cual compartimos las tareas hombro a hombro.
Gracias.