Artículo: Terrmoto Haití

Tres meses después aún queda mucho trabajo por hacer en Haití

 

12 de abril de 2010
Lynette Nyman, FICR, Puerto Príncipe, Haití

Instalado en una polvorienta calle lateral de Puerto Príncipe, el Campamento Ravine Pintade toma su nombre de los alrededores y, desde el terremoto del 12 de enero, aloja a 400 familias.

Estagene Guerrier, de 86 años, es una de las personas que duermen fuera en un colchón tirado en el piso porque temen que se le caigan paredes encima. De la casa de Estagene solo quedó un montón de escombros.

“No me siento bien. Me duele la cabeza y sufro de las piernas. No puedo dormir y tengo que reconstruir mi casa”, comenta.

En noches de lluvia nadie duerme porque el agua se filtra por sus refugios y empapa las sábanas y mantas que pueda haber. Algunos, como Jeanne Delly de 64 años, no pueden estar de brazos cruzados hasta que termine de llover. Jeanne, quedó atrapada durante seis horas bajo los escombros de su casa derrumbada, se rompió un brazo, se hirió una pierna y está tan delgada que da lástima.

“Me siento como si hubiera dejado de vivir. Sufro y no tengo a nadie”, se lamenta Jeanne.

La hija y tres nietos de Jeanne murieron en el terremoto. Su hijo sobrevivió, pero al igual que muchos damnificados, ella se siente totalmente sola.

En Puerto Príncipe, alrededor de 600.000 personas viven en campamentos de fortuna que aumentan en número y tamaño porque muchos de quienes habían huido de la ciudad están volviendo. A causa del terremoto que sacudió Haití hace tres meses, hay más de 1.300.000 desplazados.

Este es solo el comienzo

Incluso si se distribuyeron miles de tiendas de campaña, lonas y toldos alquitranado y otros suministros de socorro de emergencia, incluidos millones de litros de agua potable y toneladas de alimentos, los damnificados de Puerto Príncipe y ciudades vecinas como Leogane and Petit-Goâve siguen en situación de imperiosa necesidad.

Iain Logan, Jefe de las Operaciones de Socorro que la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja (FICR) lleva a cabo en Haití, explica: “Nuestra labor aquí acaba de comenzar. Llegamos a la cumbre de una colina solo para ver la montaña que se alza ante nosotros.”

La intervención de la FICR en Haití es la de mayores proporciones de toda su historia y la primera en que la mayoría de los damnificados vive en una ciudad densamente poblada. Además de refugios de emergencia, la Cruz Roja y la Media Luna Roja prestaron servicios de saneamiento, atención de salud, vacunación y reunificación familiar, así como apoyo psicosocial a más de 400.000 personas.

“Hicimos todo eso a pesar de enormes dificultades y complicaciones en términos de logística y coordinación”, añade el Sr. Logan.

En gran medida, el éxito se debe a la cooperación entre la Cruz Roja Haitiana y Sociedades Nacionales de la Cruz Roja y la Media Luna Roja del resto del mundo que son sus asociadas. Cientos de dirigentes, miembros del personal y voluntarios de la Cruz Roja Haitiana que gozan de la confianza y aceptación de sus comunidades ayudan a representantes de más de 30 Sociedades Nacionales que aportan una ayuda esencial a Haití.

Dado que la fase de emergencia proseguirá en los 12 próximos meses, la FICR continuará proporcionando agua, saneamiento, servicios de salud y suministros de socorro. Los planes de la fase de recuperación abarcan: construcción de refugios transitorios; apoyo para medios de subsistencia, almacenamiento de suministros de socorro y cursos de formación que reforzarán la capacidad de respuesta de la Cruz Roja Haitiana ante futuros desastres.

Necesitamos más espacio

Ernso St. Louis, de 27 años, vive en ese farallón que ahora se llama Campamento Neptune. Su camiseta planchada muestra el respeto de sí que mantiene en difíciles condiciones de vida. Al igual que todos aquellos en torno a él, dispone de casi un metro cuadrado de espacio personal e incluso eso es probable que se lo quiten.

“El campamento donde estamos ahora es un campo privado y el propietario puede venir y expulsarnos en cualquier momento”, explica.

Ernso trabaja con el comité del campamento para mejorar la vida de los residentes que tienen necesidades básicas de refugio, agua e instalaciones sanitarias. Ahora, quisieran que el gobierno les ayudara a quitar los escombros, actividad que les daría esperanza en el futuro.

“Una vez que se nos muestre que hay posibilidades, podremos empezar a construir nuestras casas nosotros mismos. Lo mejor será que todos podamos volver cuanto antes allí donde estábamos antes del terremoto”, afirma Ernso.

Los refugios transitorios permitirán que algunos damnificados dejen de vivir bajo toldos alquitranados o en tiendas de campaña. La Cruz Roja y la Media Luna Roja junto con sus asociados en refugios de socorro alzarán 120.000 estructuras transitorias suficientemente sólidas para durar varios años mientras la construcción sigue adelante. Aun así esta gran intervención de recuperación es solo una solución temporal en Puerto Príncipe, ciudad crucial para la economía y el bienestar cultural de Haití.

“Puerto Príncipe es el anteproyecto para el resto del país. Si aquí hacemos un buen trabajo, entonces, podremos hacer del resto de Haití un mejor lugar”, opina el Sr. Logan.



 

 

 
Estagene Guerrier, de 86 años, quisiera reconstruir su casa para luego poder descansar y sentirse mejor. Foto: Lynette Nyman/FICR .
 
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El Campamento Ravine Pintade podría pasar fácilmente desapercibido. Alrededor de 1.000 damnificados viven aquí bajo toldos alquitranados. Foto: Lynette Nyman/FICR.
 
Jeanne Delly, de 64 años, se rompió un brazo y se hirió una pierna, por lo cual, le resulta difícil buscar donde refugiarse de la lluvia. Foto: Lynette Nyman/FICR
 
Ernso St. Louis, de 27 años, dispone de casi un metro cuadrado de espació personal e incluso eso es probable que se lo quiten. Foto: Lynette Nyman/FICR
 
Residentes del Campamento Neptune trabajan juntos para mejorar. Aquí, varios hombres construyen depósitos para el agua y el combustible. Foto: Lynette Nyman/FICR
 
Incluso en condiciones de vida tan duras, los residentes del Campamento Ravine Pintade dedican tiempo a cuidarse para sentirse mejor consigo mismos. Foto: Lynette Nyman/FICR