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12 de abril de 2010
Graham Saunders, Jefe Departamento de Alojamiento y Asentamientos Humanos, Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, Ginebra
Las recientes lluvias torrenciales y los lodazales que dejaron centraron una vez más la atención en Haití. Junto con la conmoción inmediata y el continuo sufrimiento humano, las imágenes que vemos también provocan otra reacción: ¿Por qué, dado que muchos de nosotros del resto del mundo dimos tanto, los damnificados por el terremoto siguen viviendo en condiciones tan atroces?
¿Por qué, si el mundo sabía que se acercaba la estación de lluvias, todavía hay gente que se ve obligada a refugiarse bajo toldos alquitranados? ¿Dónde están las nuevas viviendas para los damnificados sin techo? Resumiendo, ¿dónde fue a parar el esfuerzo de socorro que al parecer se disolvió bajo las lluvias?
En realidad, los organismos de ayuda trabajan más duro que nunca para socorrer y proteger a la población de las lluvias.
Hasta la fecha, casi 1.200.000 damnificados se beneficiaron de la distribución de refugios liderada por la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja (FICR). La de Haití es una de las operaciones de distribución más rápidas que se hayan emprendido hasta ahora, a pesar de problemas tan publicitados como un puerto demasiado dañado para funcionar, carreteras bloqueadas y un aeropuerto atascado.
Aunque indudablemente subsisten algunos obstáculos, los organismos humanitarios siguen obrando milagros logísticos en Haití para hacer llegar la ayuda a quienes la necesitan.
En Estados Unidos, uno de los países más ricos del mundo que dispone de los equipos de expertos mejor equipados del planeta, llevó dos años limpiar los escombros del World Trade Centre.
Huelga puntualizar que Haití no es Estados Unidos. La limpieza de escombros y la reconstrucción son tareas enormes y para lograr una recuperación sostenible a largo plazo, tenemos que ser realistas en lo que respecta a la dimensión de esas tareas y el tiempo que llevarán.
De ahí que se ponga el acento en los refugios de emergencia. Tenemos que llegar a las personas más vulnerables con formas de ayuda que sean lo más efectivas posible en el plazo disponible. En Haití, eso implica una distribución masiva de lonas y toldos a prueba de agua para ofrecer refugio a la mayor cantidad de gente posible. Paulatinamente, a medida que se vayan limpiando los escombros y poniendo a disposición más terrenos, las familias recibirán chapas para techos, madera y encofrados de acero para construir refugios más duraderos.
Tenemos que ayudar a los damnificados tan rápido como podamos, pero no debemos permitir que la presión ejercida para acelerar nuestra respuesta dé lugar a errores de juicio que a largo plazo podrían socavar la recuperación y poner en peligro la vida de los beneficiarios.
Todos los organismos trabajan las 24 horas para asegurar la protección de la población a corto plazo y un futuro más seguro en los años venideros, pero la triste realidad es que con la llegada de las lluvias, la situación de quienes viven en los campamentos empeorará antes de mejorar.
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