Artículo: Terremoto Haití

En montañas haitianas nace una escuela de los escombros

 

30 de marzo de 2010
Marco Jiménez, Dufreney, Carrefour

“Quiero ser músico”, dice Markcenel Saint-Juste de 14 años, sin hesitación y con una gran sonrisa en su rostro cuando le pregunto qué quiere ser de mayor.

Uno de los maestros murmura algo y Markcenel añade: “También quiero ser técnico en carpintería.”

Estamos en Dufreney, pequeña comunidad de las montañas que dominan Carrefour, justo al oeste de Puerto Príncipe. La única escuela de aquí fue destruida por el terremoto del 12 de enero.

La vista sobre la capital y el Caribe es magnífica. El aire es fresco y las montañas deforestadas se extienden hasta donde alcanza la vista.

No hay carretera pavimentada para ir directo desde Puerto Príncipe. Tuvimos que conducir casi dos horas para recorrer una distancia de no más de 20 kilómetros.

El camino que lleva a Dufreney solo es practicable en vehículos con tracción en las cuatro ruedas



Construcción de la escuela

“A pesar de encontrarse tan cerca de la ciudad, este lugar parece estar más allá del final del camino”, comenta Larry Smith de la Cruz Roja Beliceña que actualmente supervisa la construcción de refugios de socorro.

“Sabemos que este sitio reviste singular importancia para esta comunidad y por eso estamos aquí”, añade. Él está a cargo de la rehabilitación parcial de este modesto edificio escolar que es tan importante para los vecinos de Dufreney.

Hace unos años, los integrantes de esta comunidad se organizaron para empezar a impartir educación a los niños de Dufreney.

“Si no aseguramos al menos alguna instrucción a nuestros niños, nunca tendrán oportunidades”, señala Vertus Molin, director de la escuela.

“Queremos darles la posibilidad de desarrollarse y el desarrollo empieza en nosotros mismos. Estos niños son el futuro de esta comunidad.”

Empezaron por acudir a clase a campo abierto en la cima de una colina que se alza en esta comunidad de 2.250 personas.



Enorme pérdida

Pronto pasó a ser una escuela informal y, hace dos años, una ONG de Luxemburgo proporcionó fondos para la construcción de un pequeño edificio, así como bancos, libros, lápices y lapiceras.

Casi todo se perdió en el terremoto.

Algunos niños empezaron a ir a una escuela que queda a tres horas a pie. Antes del terremoto, la escuela acogía a 300 niños.

La Cruz Roja Danesa (CRD) supo de esta comunidad en una de las evaluaciones de terreno que hizo después del terremoto. Entonces, se percató que aunque no había sido tan gravemente afectada como Puerto Príncipe, la destrucción de la escuela suponía una enorme pérdida.

La CRD ofreció cuatro tiendas de campaña que se adaptaron de inmediato para que sirvieran de aulas, el mismo número que había antes del terremoto.

“Después del terremoto, la cantidad de matrículas aumentó un 25 por ciento, porque hubo gente que huyó de Puerto Príncipe y se instaló en esta zona”, explica François Charlot, supervisor de la escuela.

“No tenemos espacio suficiente.”

La CRD aportó madera y toldos alquitranados para cubrir los restos de la escuela, lo que permitió agregar tres aulas. Ahora, 400 niños de hasta 15 años disponen de siete aulas en total.



Maestros

“Para la mayoría de los padres, esta es la única manera de ayudar a que sus hijos tengan alguna oportunidad en la vida.

Hay tantas necesidades que no podemos ocuparnos de todas. A menudo, los niños vienen a la escuela con el estómago vacío”, prosigue el director de la escuela.

Cuando hablé con los maestros, les pregunté si esperan que el Ministerio de Educación pueda volver a pagarles una vez que la situación se estabilice un poquito más. Entonces, descubrí que la escuela existe gracias a la iniciativa de tres líderes comunitarios que movilizaron recursos para su creación y funcionamiento.

Los nueve maestros son de la zona circundante y trabajan gratis en la escuela por la mañana.

Por la tarde, buscan actividades generadoras de ingresos para alimentar a sus familias.

“En Haití, más de 500.000 niños no van a la escuela”, señala Louis Fritzner, diputado de Moline.

“Ahora, nos ocupamos de la educación de 400. Decidimos hacer cuanto esté a nuestro alcance para ofrecerles a los niños de nuestra comunidad cierto nivel de educación. Es la única chance de superar la pobreza. Nuestra única chance.”

 

 

 
Un niño en la nueva escuela construida por la Cruz Roja Danesa (CRD) en Dufreney, Carrefour. La escuela anterior fue destruida por el terremoto del 12 de enero. La CRD supo de esta comunidad en una de las evaluaciones de terreno que hizo después del terremoto y ofreció cuatro tiendas de campaña para que sirvieran de aulas, el mismo número que había antes del terremoto. Además, está rehabilitando el edifico en ruinas. (Foto: José Manuel Jiménez/FICR)
 
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La nueva escuela construida por la Cruz Roja Danesa (CRD) en Dufreney, Carrefour. La escuela anterior fue destruida por el terremoto del 12 de enero. La CRD supo de esta comunidad en una de las evaluaciones de terreno que hizo después del terremoto y ofreció cuatro tiendas de campaña para que sirvieran de aulas, el mismo número que había antes del terremoto. Además, está rehabilitando el edifico en ruinas. Foto: José Manuel Jiménez/FICR)
 
Obras en la nueva escuela construida por la Cruz Roja Danesa (CRD) en Dufreney, Carrefour. La escuela anterior fue destruida por el terremoto del 12 de enero. La CRD supo de esta comunidad en una de las evaluaciones de terreno que hizo después del terremoto y ofreció cuatro tiendas de para que sirvieran de aulas, el mismo número que había antes del terremoto. Además, está rehabilitando el edifico en ruinas. (Foto: José Manuel Jiménez/FICR)
 
Materiales de la Cruz Roja llegan a la nueva escuela construida por la Cruz Roja Danesa (CRD) en Dufreney, Carrefour. La escuela anterior fue destruida por el terremoto del 12 de enero. La CRD supo de esta comunidad en una de las evaluaciones de terreno que hizo después del terremoto y ofreció cuatro tiendas de campaña para que sirvieran de aulas, el mismo número que había antes del terremoto. Además, está rehabilitando el edifico en ruinas (Foto: José Manuel Jiménez/FICR)