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Perú, 21 de agosto de 2008
Por: Winnie Romeril, Cruz Roja Americana en Perú
Más de un año después del gran terremoto que azotó la región de Ica, en Perú, la fase de urgencia ha terminado pero los esfuerzos de reconstrucción continúan.
El terremoto, de 7,0 grados en la escala de Richter, sacudió la región el 15 de agosto 2007, murieron cientos de personas y casi 700.000 personas se quedaron sin techo.
La Cruz Roja Peruana, con la ayuda de la Cruz Roja Americana, Alemana y Española y de la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja (IFRC), ha construido más de 6.100 refugios transitorios en las zonas afectadas de Ica, Chincha y Pisco.
Expertos
Enviamos suministros de socorro de inmediato, expertos en catástrofes y el dinero necesario para ayudar a la Cruz Roja Peruana”, comentó Eric Baranick, jefe de la delegación de la Cruz Roja Americana en Perú. “Pero la gran generosidad de los donantes nos ha permitido quedarnos para asistir a quienes perdieron su hogar y sus comunidades para que se recuperen más allá de los primeros meses de urgencia” nos indicó.
En las comunidades costeras de la provincia de Chincha casi el 60 por ciento de la población resultó afectado por la catástrofe. La Cruz Roja Americana colaboró con la Cruz Roja Peruana para asistir en la entrega de refugios transitorios. Durante el año pasado, casi 2.000 familias recibieron capacitación y materiales de Cruz Roja para construir refugios transitorios de madera hasta que sea posible construir las nuevas viviendas permanentes. Las pequeñas construcciones de madera ofrecen dignidad, privacidad y calor, además de ser lo suficientemente fuertes y flexibles como para resistir vientos intensos y temblores recurrentes.
Un hogar
Actualmente Flora Barrutia de Tasaco, de 64 años, vive con sus dos nietas en un refugio donado por la Cruz Roja. Más de la mitad de su vecindario ha recibido también esos refugios transitorios.
Tres hijos de Flora, y sus correspondientes familias, viven en las cercanías del refugio en improvisadas estructuras de tablones de maderas y cubiertas de plástico. En invierno, cuando se pone a llover, todos los miembros de su familia se refugian en la casa de Flora para mantenerse a seco y protegerse del frío.
Santos Felipa, un pescador de 32 años de edad, comenzó a reconstruir su vivienda destruida por el terremoto. Santos y su familia vivían bajo láminas de plástico hasta que recibieron un refugio transitorio de Cruz Roja.
“El refugio que nos ofreció la Cruz Roja ha sido lo mejor que he recibido hasta hora”, comenta. “Mis hijos se enfermaban cuando todo lo que teníamos como vivienda eran palos y láminas de plástico. Ahora estamos todos sanos en éste nuestro verdadero hogar”.
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