IFRC: Recogiendo los pedazos luego del sismo en Perú

 

Pisco, 22 de agosto de 2007

Por Susana Arroyo de la Federación Internacional para América del Sur

Una semana ha pasado desde el devastador terremoto que asoló Perú el 15 de agosto, el cual cobró la vida de 500 personas y ha dejado decenas de miles sin hogar.

Mientras los residentes afectados continúan llorando a sus seres queridos perdidos y buscan entre los escombros lo que queda de sus posesiones, Susana Arroyo de la Federación Internacional examina las condiciones de las personas que están tratando de iniciar nuevamente sus vidas de la derruida ciudad de Pisco.

Esta ciudad en el medio del desierto, famosa por sus dunas y bellas playas, ha sido uno de los lugares más fuertemente impactados por el terremoto a lo largo de la costa sur del Perú. Casas, hospitales, tiendas y servicios fueron destruidos en un instante.

De un día a otro, la vida de 120,000 habitantes de Pisco cambió por completo. Han perdido sus seres queridos, amigos, hogares, sus pertenencias y sus medios de subsistencia. Lo único que queda para ellos es la esperanza de que la ayuda está en camino.

“Durante dos minutos, pensé que era el fin del mundo,” dice Martha Rodríguez, damnificada de 54 años, “pero ahora vivimos sin nuestras familias y esto sí se siente como el fin del mundo”.

Martha vive en Nueva Alameda, uno de los distritos más pobres de Pisco. Ella contó a los voluntarios de Cruz Roja Peruana, que se encontraban realizando un análisis de daños, que ella y sus cinco nietos se encuentran viviendo ahora en un alojamiento básico al lado de 500 familias que organizaron ellos mismos.

Por lo menos, 3,000 sobrevivientes, como Martha, se calcula que viven en campos de fútbol y cualquier otro territorio libre de escombros que pueden encontrar en Pisco. Usando madera, bolsas de plástico y mantas, las familias han construido precarios espacios para permanecer en las siguientes semanas.

“Aquí, tenemos un lugar cálido para nuestros hijos durante estas noches frías”,dice Marta, agregando que está preocupada por un futuro incierto. “El hotel en que yo trabajaba ha caído. Me pregunto de dónde voy a sacar dinero para alimentar a mi familia. Me pregunto cuánto vamos a tener que esperar para que nuestras vidas vuelvan a la normalidad”.

En respuesta a la necesidad de miles de personas como Martha, la Federación Internacional ha aumentado significativamente los fondos para su llamamiento de emergencia con el fin de asistir a los sobrevivientes del sismo. Más de 5.6 millones de francos suizos ($4.7 millones de dólares) están siendo recaudados para proveer ayuda a aproximadamente 37,500 personas en los próximos nueve meses.

“La situación en Pisco y también en Ica resulta dificultosa para las miles de familias que han perdido sus casas y sus pertenencias en el desastre”, comenta Giorgio Ferrario, representante de la Federación Internacional en Lima. “La lejanía de algunas zonas del área afectada, las carreteras en mal estado y la situación desesperante de tanta gente ha hecho dificultoso llegar a donde se necesita más ayuda”.

Gracias a un puente aéreo establecido entre Lima y Pisco, más ayuda está llegando cada día, los aviones aterrizan en Pisco con artículos de socorro. Los cargamentos con mantas, alimentos, herramientas, ropa y agua están siendo distribuidos por voluntarios de la Cruz Roja, que dicen que los aviones además de cosas materiales llevan esperanza, humanidad y solidaridad.

“Llegué a Perú hace 4 semanas para apoyar a las familias afectadas por la ola de frío de los Andes, pero de repente pasó este terremoto.” Dice Juan Ramón Murguía, voluntario de Cruz Roja proveniente de Nicaragua. “En mi país estamos acostumbrados a frecuentes temblores pero desde el inicio supe que esto era algo grande".

Voluntarios y delegados de todas partes del mundo, especializados en búsqueda y rescate, apoyo psicosocial, respuesta y logística se encuentran participando en el desastre, que ha recibido un fuerte apoyo de la Unidad Panamericana de Respuesta para Desastres de la Federación Internacional de la Cruz Roja con sede en Panamá.

“Nosotros vinimos aquí para llevar a cabo actividades de búsqueda y rescate, pero lamentablemente no hemos encontrado personas vivas bajo los escombros” dice David Pulido, miembro de la Cruz Roja Colombiana experto en sacar personas de estructuras colapsadas. “Ahora estamos encargándonos de proveer salud básica y socorro a las familias en Paracas y otras localidades” agrega. “Estamos trabajando como un gran equipo de Cruz Roja, sin importar de dónde vengas”.

En las próximas semanas, voluntarios y delegados como David y Juan Ramón continuarán apoyando a residentes vulnerables en el camino hacia la recuperación en estrecha coordinación con las autoridades, agencias de cooperación internacional y las propias comunidades.

“Estamos aquí para trabajar con las comunidades y no sólo en su beneficio”, explica Flavio Gálvez, voluntario de la Cruz Roja Peruana. “Las familias saben mejor que nadie sus necesidades y vulnerabilidades. Más que nada saben que sus capacidades y fortalezas empezarán a construirse desde cero”.