La Paz , 12 de abril de 2007
Si cualquier persona visita la ciudad de Trinidad y recorre los alrededores, podrá observar cientos de carpas que se han instalado a la vera del camino. Estas “casas” improvisadas son ahora el único albergue de familias desplazadas que escaparon, luego de que sus viviendas y sembradíos fueran inundadas por el rebalse de los ríos. “Ya no podíamos quedarnos en nuestras casas, aguantamos todo lo que pudimos”, nos comentó Doña Gabriela, mientras atizaba el fuego y preparaba los alimentos en una cocina improvisada al aire libre, similar a la de las demás familias que se vieron obligadas a abandonar su hogar.
La misma situación se percibe en todo el trayecto y en ambos lados del camino: una columna de techos de colores con plásticos sostenidos por palos se constituye en el hogar de las cientos de familias que llegaron de varias comunidades cercanas a la ciudad de Trinidad.
“Estoy con toda mi familia, hemos dejado todo porque muchas de nuestras cosas, estaban bajo el agua. Hace un mes que ya vivimos aquí, nos vinimos porque ya no teníamos que comer y nos dijeron que en la ciudad daban ayuda en alimentos y ropa para los niños, es por eso que estamos en las carpas”, expresa Don Emilio junto a otros amigos, que según comenta “somos del mismo lugar, vecinos cercanos y que ahora estamos más juntos, porque nos une la desgracia de haber perdido todos nuestros sembradíos y animales. Usted viera como nos dolió ver morir a nuestros animalitos y saber que el agua enterró nuestros sembradíos de yuca, plátanos y otras frutas”, en su semblante se nota el sabor amargo y la desesperanza ante un futuro incierto.
Cerca de Puerto Varador, en una de las carpas, una pareja joven sostiene entre sus brazos a sus dos pequeños hijos de uno y dos años y medio, “el calor está muy fuerte y el techo de plástico les ha sentado muy mal a nuestros niños, están sofocados, con insolación y con fuertes dolores de cabeza y estómago”, dice la madre a uno de los voluntarios de la Cruz Roja que llegó hasta el lugar para visitar a las familias que habitan los albergues temporales.
La situación es por demás angustiosa para las familias que no tuvieron la suerte de que la Defensa Civil les otorgue uno de los albergues instalados, “fueron insuficientes ante tantas familias que nos trasladamos hasta Trinidad, hubiera visto como llegaban las canoas y los barcos de rescate, iban y venían de las comunidades evacuando a las familias ”, expresa Don Anselmo.
Muchos de ellos comentan, que en la ciudad han recibido ayuda, “hay ollas comunitarias y nos dan alimentos”, indican, pero que no saben hasta cuando será ello, por eso, aún no deciden cuando se marcharán porque están concientes que volverán a sus hogares y encontrarán todo enlodado y no tendrán que comer. La desesperanza los envuelve.
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