28 de septiembre de 2006
Cristina Estrada, Panamá, fotos Cathy Lengyel
Coquito se fue a España hace casi dos años, cuando fue adoptado por una familia española. Tenía cuatro años y había vivido tres años con la Cruz Roja. Desde entonces, siempre que pasa un avión, sus hermanos y hermanas gritan “adiós, adiós Coquito” y agitan sus manos con entusiasmo.
La Cruz Roja Panameña dirige este hogar para niños abandonados o bajo protección de edades entre 0 y 4 años desde 1964, cuando el Gobierno le cedió las instalaciones. No obstante, el programa en sí mismo se puso en marcha hace casi 80 años.
“En los años 1930 y 1940, en Panamá no existían hogares para niños abandonados y desnutridos,” explica Irene Barria. “Por ello, la Cruz Roja Panameña empezó a hacerse cargo de ellos. A medida que se fue corriendo la voz, empezamos a tener tantos niños necesitados que el Gobierno finalmente nos cedió un espacio para ellos.”
Actualmente viven en este hogar 20 niños. Reciben comida, ropa, atención de salud y educación. Y lo más importante es que reciben cariño. 23 empleados, incluidos enfermeras, maestros y cocineros, trabajan con ellos.
Algunos niños llegan al hogar con problemas nutricionales y enfermedades respiratorias, y la mayoría de ellos están faltos de afecto. “Algunos necesitan tiempo para establecer una relación estrecha con nosotros,” explica Rosemarie Villareal, una de las enfermeras de día. “Pero todos ansían recibir cariño y sentirse aceptados.”
Cada niño es diferente. Su carácter y sus necesidades son diferentes, y todos llegan al hogar con un pasado propio, a pesar de su corta edad.
Cuando llegan se les somete a un control médico exhaustivo, y después se les revisa periódicamente. Todo recién llegado cambia la dinámica del grupo, por lo que el reajuste es continuo.
Lo mejor para estos niños es que se les adopte, y la Cruz Roja Panameña realiza enormes esfuerzos para encontrarles una familia.
“A veces tenemos éxito, pero no con la frecuencia que desearíamos,” explica Irene Barria, directora del hogar. “Algunos niños tienen una discapacidad, lo que dificulta su adopción. A veces es la mera cantidad de papeleo que hay que solucionar la que representa un obstáculo. Muchas parejas desean adoptar y algunas lo consiguen. Pero otras se rinden ante la burocracia.”
Los niños mayores a los que no se encuentra familia se llevan a otros hogares dirigidos por organizaciones como Hogar Malambo y Aldeas Infantiles SOS.
“Las familias adoptivas deben ser muy especiales, pues estos niños son muy especiales,” dice Rosemarie. “Los hemos visto dar sus primeros pasos, decir sus primeras palabras y, a veces, dar o incluso recibir su primer abrazo. Es difícil dejarles marchar, pero sabemos que estarán mejor con sus nuevos padres.”
“Acabamos de recibir noticias y fotos de Coquito,” continúa Rosemarie, sonriendo. “Está muy bien con su nueva familia y pronto vendrán todos a visitarnos.”
A lo largo de los años, la Cruz Roja Panameña ha recibido para este hogar fondos y donativos de la Federación Internacional, de la Cruz Roja Española y de muchos donantes privados. Ahora está buscando un nuevo lugar, con un jardín en el que los niños puedan tomar contacto con la naturaleza y disfrutar de algo más de espacio. |