11 de septiembre de 2006
Por Tatiana Moreno
Ahora que parece haber llegado la calma, las comunidades afectadas por la erupción del Volcán Tungurahua buscan el poyo y orientación. En Ambato, la Junta de la Cruz Roja en Tungurahua recibió a los representantes de las poblaciones de El Rosario, San Vicente de Rumipamba, Pueblo Viejo, La Playa y Guangaló, Mocha Pata, San Antonio de Ipolonguito y Chocaló Mirador, donde cerca de 831 familias sufrieron los daños causados por las explosiones.
Las preguntas que traen son las mismas de otras comunidades: “¿Cómo nos van a ayudar?, ¿Cómo limpiamos el techo? ¿si hay otra explosión cómo hacemos para salir?”. Voluntarias y voluntarios de la Cruz Roja Ecuatoriana les explican con atención los detalles del proceso de recuperación, que a penas empieza.
Pero, ¿qué dicen los ancianos de su comunidad sobre el volcán?, se les preguntó a los asistentes. Villacís comentó que su mamá, Rosa Buenazo de 82 años, les comentó “de donde les están evacuando nunca pasa nada, eso siempre les afecta a los que no les sacan. Pero aún falta lo peor, falta que salga esa roca roja”.
La conversación avanza y a medida que comienzan a sentirse en confianza surgen las anécdotas y preocupaciones.
“En la anterior explosión en Mocha Pata (parroquia Yanayacu) nos cayó lodo”, dijo una señora. “En el Placer parecía que llovía con centellas y el olor era terrible. Por más que me ponía agua no se iba”, comentó Beatriz Villacís.
“Lo fuerte comenzó a las 2h00 de la mañana, tronaba y caía bastante ceniza. Hasta los plásticos que hacían de techo se cayeron. A las 5h00 comenzó a llover lodo mojado. Todo era oscuro y recién a las 8h00 comenzó a salir un poco de sol. Era desesperante”, agregó Argelia Pilco.
¿Cómo será la próxima vez? |