02 de mayo de 2006
Por Susana Arroyo
Trabajar de la mano con las comunidades para hacer frente a las situaciones más urgentes de vulnerabilidad y riesgo que las afectan es una tarea cada vez más común y prioritaria en el trabajo de las Sociedades de Cruz Roja de América del Sur.
En las ciudades y las áreas rurales; en la selva, la sierra y la costa; en los bosques australes y en las pampas, cada vez más voluntarios hacen posible que familias de sus propias comunidades se beneficien de iniciativas y proyectos impulsados por las filiales y relacionados con salud, preparación para desastres, principios y valores humanitarios y desarrollo local.
Compartir esas experiencias, analizarlas y poner en común las lecciones aprendidas y retos pendientes fueron algunas de las razones que convocaron a las 10 Sociedades Nacionales de América del Sur para participar en el Taller Regional de Trabajo en Desarrollo Comunitario celebrado en Lima durante el pasado abril.
En el encuentro participaron también representantes de las Sociedades Nacionales de Finlandia, Italia y Suiza, importantes colaboradores de las acciones de trabajo comunitario que se realizan en la región desde la década de los 90.
Durante tres días, los ejercicios prácticos, de reflexión y discusión sirvieron como espacio para revisar el avance en el cumplimiento de los compromisos sobre trabajo comunitario planteados por el Plan de Acción de la Conferencia Interamericana de la Cruz Roja, celebrada en Santiago de Chile en el 2003. De igual forma, permitieron hallar consensos sobre los resultados obtenidos durante los últimos cuatro años y dibujar las líneas de acción prioritarias para el futuro inmediato.
Uno de los principales resultados fue la elaboración de una propuesta consensuada de trabajo para los Programas Comunitarios. Además de poner en común las actividades y retos de las Sociedades Nacionales, estos lineamientos les servirán como guía para la planificación de las actividades para el próximo periodo 2007.
También, las y los participantes identificaron las buenas prácticas y lecciones aprendidas por las Sociedades Nacionales luego de ejecutar proyectos de desarrollo comunitario. Entre ellas destacan el impacto positivo que generan en la imagen de la Sociedad Nacional, los cambios que provoca en la cultura organizacional y el incentivo que ofrecen a la hora de firmar alianzas y compromisos con donantes y otras instituciones. Pero sin duda, uno de los puntos más importantes es que el trabajo comunitario permite consolidar los lazos entre la Cruz Roja y la comunidad mientras que se fortalece el tejido social.
A su vez, los retos no son pocos. Los y las participantes resaltaron la necesidad de definir una metodología de trabajo estándar y sobre todo, de impulsar la aprobación de una política global de trabajo comunitario para la Cruz Roja.
Otro punto señalado fue la elaboración de una malla curricular de capacitación y formación que permita captar, cualificar y sostener voluntarios con perfiles que respondan mejor a las demandas de los proyectos de desarrollo comunitario. Este podría ser el primer paso de una estrategia común para la gestión de recursos humanos que facilite y haga sostenible el desarrollo de los programas comunitarios.
Para complementar, las Sociedades Nacionales insistieron en la necesidad de definir una agenda continental común que posicione mejor el trabajo comunitario que se realiza en las Américas dentro del mundo humanitario.
Por último pero no menos importante, durante el taller se decidió priorizar la discusión de cómo los principios y valores humanitarios pueden involucrarse en el trabajo con las comunidades, haciendo énfasis en el enfoque de defensa y promoción de sus derechos.
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