Voluntarios, con el coraje en las manos

 

24 de octubre de 2005
Sololá, Guatemala
Colaboración voluntario Cruz Roja Guatemalteca

Después de más de dos semanas del desastre provocado por la Tormenta Tropical Stan, las comunidades en Guatemala empiezan a retomar, a la que ellos llaman la normalidad.

Ha dejado de llover, pero el miedo a una nueva amenaza llamada Wilma, hace temblar los cuerpos de las personas que han sufrido en carne propia los embates de las intensas lluvias pasadas.

Hay todavía mucha dificultad en accesar a las comunidades, especialmente las que fueron más golpeadas en los departamentos de San Marcos y Sololá. Son grandes las filas de automóviles, buses y camiones que transportan personas y sobre todo la ayuda humanitaria. Hay derrumbes en el camino y no se sabe con mucha certeza si se llegará al destino final.

Descendiendo de una colina, casi sin muchas fuerzas para sostenerse se vislumbran tres voluntarios de la Cruz Roja Guatemalteca, con sus petos llenos de lodo y sus mochilas al hombro.

Sucios, sin dormir mucho y con mucha sed. No es necesario hacerles preguntas, en sus ojos se refleja el dolor que la gente afectada por el desastre les ha transmitido.

“Hay mucho que hacer, todo es un caos, lodo, piedras, pedazos de cosas y sobre todo el olor fétido por los cadáveres que han quedado soterrados”, narra María una voluntaria, originaria del departamento de Sololá.

“Desde que sucedió todo, salimos como voluntarios, la Cruz Roja Guatemalteca ha trabajado duro en este lugar y estamos ayudando a recuperar los cuerpos de las personas, pero no tenemos mucho equipo…” continua.

Al preguntar ¿Qué es lo que le motiva a trabajar en Santiago Atitlán?, María responde. Estamos ayudando a los rescates y también apoyamos la atención en los albergues y brindando atención pre hospitalaria. Lo que más me motiva, es que yo soy de aquí, de Sololá y ahora mis hermanos, la gente de mi propia sangre, necesitan más que nunca de todos nosotros y sobre todo de mí, un apoyo.

Creo que estoy haciendo algo bueno por ellos y solo queremos ir a la casa a cambiarnos de ropa, comer algo calientito y regresar con más fuerzas para continuar nuestro trabajo” asegura.

“Estoy convencido de que estamos ayudando a los que nos necesitan y quiero seguir trabajando, me disculpan si estoy vestido así (mostrando sus manos, ropa sucia y casi rota), pero esto es lo único que llevamos al terreno y ahora vamos a la casa a traer dinero para comprar nuestras cosas y seguir apoyando a todos” comenta David un joven voluntario de la Cruz Roja Guatemalteca de tan solo 18 años.

“Hoy más que nunca, se necesita ayudar a reconstruir el pueblo. Santiago Atitlán, es muy famoso por sus paisajes, por los lindos trajes de sus mujeres y es muy atractivo para el turismo. El lago que ven allí (señalando al Lago Atitlán), era como el espejo del cielo, pero ahora está lleno de lodo, piedras y mucha basura. Hay que ayudar a que la gente se levante y que empiecen a levantar sus casas”. Nos comenta María.

Y casi sin despedirse, los tres jóvenes voluntarios vuelven a caminar hacia sus hogares, como quién anhela la seguridad de un techo seguro y una comida caliente.

Mientras tanto, muchas organizaciones continúan llegando cada vez más a la zona del desastre, la Cruz Roja Guatemalteca sigue llevando alivio y esperanza, allí donde hace falta, allí donde hayan voluntarios que lleven el coraje en sus manos.

Fotos cortesía: Cecilio Martínez