Testimonio de una voluntaria argentina: El poder de un abrazo
 

Buenos Aires, 11 de enero 2005
Por Ayelen Curbelo

Paula es muy joven, tiene 19 años y hace un poco mas de dos que es voluntaria en una de las 74 filiales de Cruz Roja Argentina.

El jueves a la noche estaba cenando junto a su novio, mirando una de las tantas películas que daban por la televisión. A las 12 de noche sonó el teléfono, en la pantalla las imágenes habían cambiado, un flash informativo anunciaba un incendio en un boliche bailable en el barrio de Once, por el momento sólo 2 personas muertas.

Paula corrió a su habitación y buscó su remera de Cruz Roja y enseguida salió para el barrio de la tragedia. Cuando llegó el paisaje era terrorífico, miles de personas corrían de un lado para el otro, desesperadas, buscándose entre si. Gritos por todos lados, abrazos, llantos.

“Fue muy feo llegar y ver la desesperación de todas las personas, pero creo que lo más duro fue ver la cara de los voluntarios y voluntarias que ya estaban en el lugar” comentaba Paula.

Enseguida comenzaron a patrullar de a dos, acompañando a los familiares que a medida que se enteraban se acercaban al lugar, “En cuanto comencé a patrullar se me acercó una señora que buscaba a su hermano, fuimos a donde estaban las personas fallecidas y a medida que miraba cada cuerpo, se alegraba de que su hermano no estuviera allí, pero justo antes de terminar lo encontró. Fue muy triste”. En ese mismo instante ella comprendió que debía ser fuerte, “No podía hacer otra cosa que abrazarla, darle una mano, eso ayuda más que una palabra, por momentos se me quebraba la garganta, pero no podía parar, esas personas estaban sufriendo mucho mas que yo, son en esos momentos en donde tenes que ser fuerte”. Habla con pausa en un tono muy bajo, se le llenan los ojos de lágrimas y aparece ese nudo en la garganta del que tanto hablaba. Saca fuerzas nuevamente y continúa hablando.

Paula tenía un solo miedo que rondaba su cabecita, encontrar entre esas caras algún rostro conocido. “Pensaba en todo momento que tenía una amiga que le gustaba esa banda y no sabía si había ido”. Entre sus recuerdos aparecen imágenes dispares, “me acuerdo del dolor, de la desesperación o la cara de tranquilidad al no encontrar a los seres queridos en la morgue. Me viene a la mente un abrazo que me dio una chica, cuando después de varias rondas de reconocimiento no encontró a sus hermanas entre las víctimas fatales. Todavía me acuerdo su nombre”.

La labor de Paula duró casi doce horas de trabajo de apoyo psicológico y así como ella mas de 80 voluntarios y voluntarias de Cruz Roja Argentina vivieron experiencias similares. “Hay algo que creo jamás me voy a olvidar, el apoyo entre compañeros y compañeras, entre filiales. Si no hubiéramos estado tan unidos, no hubiéramos podido hacer nada”.