1
de junio de 2004
Marko Kokic, Haití
A
Mapou sólo se
puede llegar en helicóptero. En cuanto aterrizamos,
nos rodean centenares de personas confusas y angustiadas.
También nos asalta el hedor de la muerte.
Este pueblo de Haití sudoriental se encuentra en
un cuenco rodeado de montañas que, actualmente, está lleno
de agua, pues las inundaciones transformaron el valle en
un lago enorme.
Aquí y allá, despuntan techos de casas de
las aguas que cubren zonas enteras. También se ve
algún que otro cadáver.
Un helicóptero de la fuerza multinacional que se
encuentra en Haití, nos trajo a Mapou para evaluar
el grado de destrucción y las necesidades de los supervivientes.
También llevamos miles de pastillas de purificación
del agua, clorina, botiquines, picos, palas y bolsas para
cadáveres.
En Fond Verrettes, ciudad siniestrada
por las inundaciones, están a la obra varios organismos internacionales
de ayuda y, la Cruz Roja Haitiana, apoyada por la Federación
Internacional, ha concentrado su labor en esta zona del sudeste
del país que, por el momento, ha recibido poquísima
asistencia.
Según las últimas cifras, en Haití,
murieron por los menos 638 personas y muchas más en
la vecina República Dominicana donde la Sociedad Nacional
de la Cruz Roja también ha iniciado una intervención
concertada.
Las autoridades locales de la
protección civil informan
que en Mapou, las inundaciones dejaron un saldo de 173 muertos
y centenares de desaparecidos. Muchos cadáveres fueron
enterrados sin que se les pudiera identificar.
Dado que todavía hay muchas casas bajo agua, resulta
difícil contabilizar el número exacto de muertos.
Probablemente, en muchas de estas
viviendas modestas haya más personas muertas que no tuvieron tiempo de escapar
de las inundaciones repentinas y los deslizamientos de tierra
que devastaron esta comunidad rural, el domingo pasado a
primeras horas de la mañana.
El nivel de las aguas ha bajado
un poco, pero el peligro persiste. Algunos han vuelto a
sus casas sobre las que se
cierne la amenaza de otras inundaciones. Temporarios diques
de escombros impiden el desbordamiento de las aguas del “lago”,
situación que puede cambiar en cualquier momento si
este fin de semana vuelve a llover como se ha pronosticado.
Por el momento, las principales
prioridades humanitarias consisten en garantizar que la
gente no permanezca en zonas
expuestas a otras inundaciones y recoger los cadáveres
para evitar que este desastre natural se convierta en un
desastre de salud pública.
La Cruz Roja utiliza lanchas inflables
con motor fuera de borda para buscar cadáveres,
y posibles supervivientes, en las zonas anegadas y, sobre
todo, en las casas inundadas.
En inundaciones como estas, un
reto de talla es prevenir los brotes de enfermedades cuyo
vector es el agua y, durante
nuestra misión en Mapou, nos aseguramos que se enseñara
a los habitantes cómo clorar los pozos y purificar
el agua para poder beberla.
Las dificultades de acceso comprometen
las actividades de socorro. Mapou no es la única zona a la que sólo
se puede llegar en helicóptero y los helicópteros
de Haití se utilizan al máximo para aportar
asistencia a las comunidades damnificadas.
Más temprano habíamos estado en Toman, pueblo
cercano a Fonde Verrettes, donde vive Gerald Joseph; su mamá murió en
las inundaciones.
“El sábado tuvimos mucha lluvia. Luego, el
domingo a las tres de la mañana, las inundaciones
repentinas y los deslizamientos de tierra nos tomaron por
sorpresa”, cuenta Gerald y explica:
“Toda nuestra comunidad está en estado de shock.
Donde había plantaciones de maíz, ahora hay
un lago. Lo que era un camino, ahora es el lecho de un río.
Simplemente, no sabemos qué hacer.”
Camino a Toman nos cruzamos con
Emmanuelle Jeuni, jovencita de 14 años, a quien la gente había ayudado
a lo largo del camino. Nos explicó que, como mucho
otros haitianos, había ido mercado de Jimaní,
ciudad dominicana.
La casa donde se quedaba fue barrida
por las aguas. Había
sufrido una fea herida en un brazo y, antes de volver a Haití,
recibió primeros auxilios de la Cruz Roja Dominicana.
Emmanuelle logró sobrevivir a la crecida mortal que
anegó Jimaní. Muchos otros no, incluidos algunos
de sus familiares, ya que entre los desaparecidos hay tres
de sus hermanos más chicos. |