Por
Fernando Nuño en Tucumán
Como
cada viernes, Viviana Guzmán se detiene ante los niños
que juegan en el ingenio azucarero abandonado de Santa
Ana. Saca unas
galletas del bolsillo y las reparte.
“Las vacaciones de verano son un motivo de celebración
para los alumnos de cualquier escuela. Para los niños
de Santa Ana significa que ya no hay desayuno, almuerzo y
merienda”, dice esta enfermera.
Camino del hospital, Viviana se detiene nuevamente en la
casa de la familia Morales.
Las visitas domiciliarias forman
parte de su trabajo. Hace un seguimiento del estado nutricional
de los niños
de la comunidad.
“Afortunadamente los hijos de Claudia están
bien”, añade. Se refiere a Claudia Morales,
26 años, madre soltera de seis niñas.
“El complemento alimentario de Cruz Roja ha sido fundamental
en el último año. Los niños apenas comían
fuera de la escuela pública. Las familias perdieron
todo con la crisis social del año pasado”, dice
Guzmán.
En la puerta de la vivienda está Joana, quinta de
las seis hijas de Claudia. Joana Morales mira a la visitante
a través de una gran tuerca oxidada que rescató su
hermana mayor del ingenio azucarero. Tiene 3 años.
Nació seis meses antes de estallar el conflicto social
en Argentina. Su historia no difiere mucho de la de 4 millones
de niños menores de 14 años que sufren diferentes
grados de desnutrición en la Argentina reciente. Son
las principales víctimas del deterioro que sufre el
país.
A Joana, la desnutrición le ha provocado retraso
físico e intelectual. Hace más de dos años
que su familia forma parte del 26% de argentinos que viven
en la indigencia.
“Son más de dos años sin una alimentación
adecuada, sin acceso a agua potable y con una higiene muy
deficiente”, comenta Adriana Martorell, coordinadora
del programa de Cruz Roja en el noroeste argentino.
Esta niña y su familia son parte de los 125,000 beneficiarios
atendidos por Cruz Roja Argentina en un programa de socorro
que incluye distribución de alimentos y botiquines
en comunidades vulnerables de las provincias de Tucumán,
Salta, Jujuy, Corrientes, Chaco y Formosa. El operativo,
apoyado por la Federación Internacional, es financiado
por la Cooperación Italiana.
Joana tampoco es una excepción en Santa Ana. El 80
por ciento de los niños menores de 14 años
de esta comunidad han sufrido desnutrición en los últimos
dos años. Esto puede dejar anclada a toda una generación.
“La alteración del crecimiento es reversible
sólo durante los primeros dos o tres años de
vida, luego queda como secuela. Debemos trabajar para que
esta generación no tenga déficit de desarrollo
psicosocial, y fracaso escolar” , explica Francisco
Cisneros, pediatra del hospital.
Un largo camino
Los 15,000 habitantes de Santa
Ana quedaron a la deriva después de los acontecimientos de diciembre de 2001.
La crisis social destapó numerosos problemas arrastrados
por las comunidades rurales del norte argentino: desempleo,
deficiente dieta y calidad del agua, y escasa planificación
familiar, entre otros.
“La situación es muy complicada. Las mujeres
pobres y con varios hijos no ven como una prioridad controlar
sus embarazos. Hay un aumento de los riesgos en el parto.
Los niños nacidos presentan bajo peso, prematurez
e infecciones”, añade Cisneros.
Tras la fase de socorro, Cruz
Roja Argentina quiere seguir trabajando en una decena de
comunidades estratégicas.
“La finalidad es crear dinámicas de desarrollo,
de forma que sean las propias comunidades las que salgan
de su estado crónico de vulnerabilidad y dependencia”,
explica Alejo García, coordinador del programa.
Uno de los primeros pasos ha sido
realizar, con el apoyo de Cruz Roja Alemana, una evaluación del estado nutricional
y antropométrico en el norte argentino. El ultimo
estudio oficial es de 1995-1996, y ha perdido utilidad después
de la crisis social.
Al mismo tiempo, las filiales de Cruz Roja Argentina en Tucumán,
Salta, Jujuy, Corrientes, Chaco y Formosa están identificando
diversas alternativas de desarrollo, para trabajar con estas
comunidades estratégicas en los próximos años.
“Más de la mitad de los argentinos está por
debajo de la línea de pobreza, y el 26 por ciento
por debajo de la línea de indigencia. Hay que encontrar
alternativas que generen desarrollo local, porque la situación
de escasez va a ser prolongada en el norte”, explica
García.
Hay diferencias acusadas entre
algunas provincias. Las estadísticas
oficiales muestran también que Argentina tiene capacidad
para alimentar a su población ocho veces. Pero Joana,
a través de su tuerca oxidada, sólo ve la naranja
que su madre le ha dado para cenar.
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