“Uno para todos y todos para uno”

 

Por Alejandra Araúz en El Real

“Deben tener alguna fiesta o celebración, porque los Emberás están esperando en la pista vestidos con sus mejores trajes”, explicaba el piloto de la avioneta Twin Otter, que transportaba al grupo de forasteros que iban a El Real, Darién.

El piloto no estaba equivocado, los indígenas Emberá de la comunidad de El Real de Santa María, situada en la selvática provincia de Darién, frontera con Colombia, estaban más que felices por la llegada del grupo de visitantes, aunque no precisamente porque se tratara de gente muy importante. El verdadero motivo era que esta gente eran vistos como una solución a una problemática de larga data: el acceso a agua potable.

La Cruz Roja Panameña con el apoyo de la Federación Internacional, está implementando un micro proyecto de agua y saneamiento, del que se están beneficiando directamente alrededor de medio centenar de familias, en su gran mayoría, indígenas de la etnia Emberá-Wounan.

Jumará Itáa, que es el nombre con el que la propia comunidad decidió bautizar el proyecto y que en lengua indígena significa “todos para uno y uno para todos”, es un proyecto que consiste en la construcción y extensión de la tubería de agua potable, para que ésta llegue hasta las humildes comunidades de Uresca, Punta Paitilla, Costa del Este, Marañón y Mercadeo.

El proyecto, también incluye la construcción de dieciséis letrinas, un tanque de agua, así como el entrenamiento y capacitación –incluyendo a mujeres- en primeros auxilios, adicional a la donación de unos 400 libros a la filial de la Cruz Roja Panameña, para el establecimiento de la primera biblioteca local.

Celebrando el agua potable

Ya que el proyecto se concibió en base a una metodología completamente participativa, la comunidad decidió seguir sus costumbres autóctonas y celebrar el inicio del proyecto con una fiesta tradicional Emberá.

En sí, la fiesta era sencilla, música en vivo, bailes, bebida y comida, pero para la comunidad tenía un importante significado, ya que en cierto modo, se trataba de la primera vez en que una organización realmente escuchara, cuales son sus verdaderas necesidades, en lugar de empezar un proyecto sin ni siquiera preguntarles a ellos sobre sus prioridades.

Nadie se perdió la celebración. Entre los asistentes se destacaban las autoridades locales como la alcaldesa y el jefe de la policía. Pero quizá, lo más llamativo fue la participación de los vecinos “wagas” (no indígenas) de El Real, quienes respaldaban con su presencia la mejora de estas cinco comunidades.

Durante la fiesta, varios de los líderes indígenas se dirigieron a los presentes. Unos en español, otros en su propia lengua, pero todos ellos, recalcaron la importancia del proyecto, y recordaron a la comunidad el significado del título del mismo, “porque es ahí donde está el éxito: en el apoyo mutuo y el trabajo en grupo”, expresó Wilson Chamí, líder de la comunidad de Mercadeo.

Al final de la fiesta, los invitados -ya no tan forasteros- tuvieron la oportunidad de degustar un platillo muy especial: venado azado, y éste fue el broche de oro para dar fin al primer día de una fascinante jornada que sólo prometía ponerse mejor, porque al día siguiente comenzaba el trabajo duro.

El método Emberá

Incluso para aquellos que tienen experiencia tratando y trabajando con grupos indígenas, cada día es un reto y un nuevo descubrimiento.

Para hacer el proyecto Jumará Itáa una realidad, el proceso empleado no fue complejo, pero en algunos aspectos, requirió una meticulosa planificación, ya que la utilización de una metodología completamente participativa, implicaba que los Emberás determinaran por sí mismo – aunque orientados por los facilitadores – sus propias necesidades, así como la manera más adecuada de resolverlas.

Unos cinco talleres y reuniones fueron necesarios para levantar un inventario diagnóstico de la comunidad, coordinar las acciones que se llevarían a cabo y eventualmente ayudarles a establecer una organización dentro de la comunidad; porque a pesar de contar con sus autoridades y leyes locales, no contaban con el conocimiento y la experiencia requerida para desarrollar un proyecto de este tipo.

A través de actividades sencillas realizadas en grupo, ellos pudieron describir claramente la forma en que viven e identificar qué pueden hacer con los recursos de los que disponen, así como qué tipo de ayuda requieren para mejorar su calidad de vida.

Primero, cada grupo confeccionó un mapa de la que sería su comunidad ideal, utilizando para ello papel de construcción de colores, marcadores, goma y objetos de su entorno como hojas. En la siguiente sesión, cada grupo presentó su mapa y el facilitador les preguntaba luego ¿por qué el Emberá no vive en esa comunidad ideal? Sus respuestas fueron precisamente la información empleada para establecer las necesidades más apremiantes de las comunidades.

Soluciones simples a problemas complejos

Pese a que la intención del micro proyecto no es resolver todos los problemas de las familias Emberás de El Real, como los son la pobreza y el desempleo, una acción sencilla, rápida y no muy costosa, como la dotación de agua potable ha cambiado dramáticamente la calidad de vida de casi medio millar de personas. Por ejemplo, antes de su acceso al vital líquido, la gran mayoría de los infantes de estas comunidades, permanentemente padecían de diarreas y vómitos.

Pero quizá, el mayor logro alcanzado mediante el proyecto Jumará Itáa es que de ahora en adelante, la comunidad de El Real está mejor organizada y la filial local de la Cruz Roja Panameña tiene una presencia más fuerte y un papel más participativo dentro de la comunidad. Incluso más voluntarios se están uniendo a la familia Cruz Roja.

“Para la Cruz Roja, el proyecto Jumará Itáa es como (piensa un poco y hace con sus manos un gesto como de avión despegando). Es la llegada del progreso!”, explica Damian Jomi, voluntario de la Cruz Roja en El Real y coordinador del proyecto.

¿Pero progreso para quien?, cuestionan a Damián. “Para la comunidad”, contesta “Porque ahora lo que la gente piensa y sabe, aquí en El Real, es que la Cruz Roja ha estado siempre presente, pero lo que faltaba era nuestro interés en ser más proactivos”, concluyó el joven voluntario.

Niñas Emberás bailando la danza del "kuako" como bienvenida a los visitantes
 
Wilsón Chamí, líder en la comunidad de Mercadeo, y Damian Jomi coordiandor del proyecto Jumará Itáa.
 
El traslado de materiales desde el muelle hasta la sede de la filial de la Cruz Roja Panameña, donde es almacenado, los propios hombre que tuvieron que caminar bajo el candente sol tropical poco más de tres kilómetros
 
Cada grupo confeccionó un mapa de la que sería su comunidad ideal, para así establecer las prioridades