Ginebra, 17 de junio de 2009
Los organismos de socorro y los gobiernos en casos de desastre deben responder a la crisis económica mundial centrándose en medidas de prevención que sean eficaces en función de los costos antes bien que en intervenciones onerosas y aparatosas, declaró hoy la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja (FICR).
Un enfoque operativo, relativamente nuevo, que la organización denomina “alerta temprana, acción temprana” contribuirá a salvar más vidas se dice en la edición 2009 del Informe Mundial sobre Desastres que acaba de publicarse.
“La acción temprana es una inversión para el futuro y una solución mucho más eficaz a largo plazo que la mera intervención frente a emergencias”, afirma Bekele Geleta, Secretario General de la Federación Internacional, en la introducción del informe, publicación anual desde 1993.
“En momentos en que el mundo atraviesa una coyuntura de fragilidad financiera, a la que se suman los crecientes retos y 'sorpresas' que trae aparejados el cambio climático, debemos ampliar nuestras actividades de prevención que son las más eficaces para salvar vidas, proteger medios de subsistencia y preservar el desarrollo”, añade.
En lo que respecta a la acción preventiva, la Federación Internacional recurre cada vez más a su propio Fondo de Reserva para el Socorro en Casos de Desastre (DREF por su sigla en inglés) y ofrece subsidios que actualmente se cifran en más de 15 millones de dólares anuales.
El año pasado, la FICR la Federación Internacional hizo un llamamiento con mucha antelación, basado en pronósticos sobre graves inundaciones en África meridional. Además, la organización considera que pudo asistir a más personas por un monto per capita inferior al de emergencias anteriores en la región, sobre todo, en Mozambique.
Información climática
Mozambique, y su Sociedad de la Cruz Roja con gran experiencia, es uno de los mejores ejemplos mundiales de la “preparación en previsión de desastres basada en la comunidad”, se dice en el Informe de la Federación Internacional. En menos de una década, gracias a procedimientos y simulacros de evacuación planificados con minucia, y un mejor uso de la información meteorológica, se logro reducir casi a cero el número de muertos en las inundaciones y tormentas a las que dicho país se ve expuesto periódicamente.
Fenómenos “hidrometeorológicos” vinculados con el cambio climático, tales como sequías, inundaciones, tormentas y olas de calor, contabilizaron casi el 60 por ciento de los subsidios del DREF en 2008, la mayoría relacionados con desastres de escala relativamente pequeña, se indica en el Informe Mundial sobre Desastres.
En julio de 2008, la FICR hizo su primer llamamiento totalmente preventivo (por unos 750.000 dólares) para costear la preparación en previsión de inundaciones, basándose en pronósticos sobre la estación del monzón en África occidental que resultaron muy exactos.
Aunque en ningún país hubo grandes emergencias como en 2007, los profesionales de gestión de desastres estuvieron en mejores condiciones de ocuparse de múltiples emergencias menores, sobre todo, en Benin y Togo.
“Los voluntarios de la Cruz Roja supusieron diversos escenarios sobre la llegada de los huracanes.”
Los huracanes caribeñas Fay, Gustav, Hanna e Ike que abatieron Haití en 2008 causaron un número considerable de pérdidas humanas, pero sin la “alerta temprana, acción temprana”, ese saldo hubiera sido mucho peor.
“Los voluntarios de la Cruz Roja imaginaron diversos escenarios sobre la llegada de los huracanes y luego definieron el mejor uso de los escasos recursos disponibles para salvar vidas”, señala Xavier Castellanos, Jefe Adjunto de la Oficina Zonal de las Américas de la Federación Internacional.
Cuando Castellanos estuvo en Haití, un voluntario de la Cruz Roja le dijo: “En algunas comunidades locales no tenemos megáfonos para dar alertas y advertir a los vecinos que tienen que evacuar la zona, pero eso no nos impidió salvar la mayor cantidad de vidas posible”.
Mohammed Omer Mukheir, Jefe del Departamento de Política y Preparación en Previsión de Desastres de la Federación Internacional, hace hincapié en que las alertas de alta tecnología de poco sirven si no se traducen en acción a nivel de las bases.
“Hay cuatro componentes fundamentales: información técnica, difusión, contexto local y, por último, capacidad de transformar la alerta temprana en acción temprana, lo que no siempre es así”, explica.
“Todos ellos deben conjugarse para que la idea funcione y ayudar para lograrlo es un medio por el cual la Cruz Roja, la Media Luna Roja y, principalmente nuestros voluntarios, pueden añadir valor”, concluye.
En el Informe Mundial sobre Desastres también se subraya que la acción temprana, alerta temprana opera en diversas escalas temporales que van de horas o días tratándose de tormentas que atraviesan las costas, a proyectos de desarrollo y “reducción del riesgo” a largo plazo, pasando por varias semanas en lo que respecta a pronósticos de estaciones de lluvias.
Se cita el ejemplo histórico de la isla caribeña de Dominica donde se estimó que adaptar el diseño de un puerto de aguas profundas costaría menos de un tercio de lo que hubiera costado reparar los daños causados por los huracanas.
Ciclón Nargis
Ahora bien, en el informe también se advierte que la acción temprana no siempre es viable ya que tiene que ser financiada por los gobiernos que pueden preferir las intervenciones aparatosas a las medidas de prevención relativamente discretas, incluso si para ello tienen que apretarse el cinturón.
En Myanmar, por ejemplo, donde el año pasado ciclón Nargis dejó un saldo de casi 138.000 muertos, la topografía accidentada y las carencias en términos de logística y comunicaciones se combinaron al punto de imposibilitar la evacuación como medio de salvar vidas.
Y aunque es posible preparar a las comunidades para afrontar terremotos como el que en mayo pasado se cobró casi 88.000 vidas en la provincia de Sichuan, China, y prevenirse contra ellos haciendo cumplir la reglamentación de la construcción o modificándola para que sea más estricta, resulta sumamente difícil pronosticar desastres sísmicos de “gestación rápida”.
El ciclón Nargis y el terremoto de Sichuan contabilizaron el 93 por ciento del total mundial de muertos en desastres el año pasado, según cifras citadas en el Informe Mundial sobre Desastres.
Hubo 46 millones de damnificados por el terremoto en Sichuan, China; 11 millones por las graves inundaciones en Estados Unidos y 10 millones por la sequía en Tailandia. Cada uno de los 19 desastres naturales de mayores proporciones –11 en Asia, cinco en África y tres en las Américas– dejó un saldo de 1.000.0000 a 8.000.000 de damnificados.
No obstante, en 2008 se registraron menos desastres que en cualquier otro año de la década anterior: 326 desastres naturales y 259 desastres tecnológicos.
El número de muertos en desastres tecnológicos (6.926) también fue el más bajo de la década y la mayoría de esas muertes obedeció a accidentes de transporte
La edición 2009 del Informe Mundial sobre Desastres de la Federación Internacional, es la primera que contiene todo un capítulo sobre lo que se califica de “ejemplo más claro de alerta temprana”: el cambio climático.
También se señala que la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, celebrada en Poznan, Polonia, en diciembre de 2008, fue la primera de esta naturaleza en la que se abordó la cuestión de la adaptación a los inevitables impactos humanitarios del cambio climático y también la primera en la que hubo una representación contundente de la comunidad humanitaria.
“Es muy probable que aumente la frecuencia y la intensidad de los fenómenos climáticos extremos”, escribe Anne Moorhead, autora del capítulo.
“Ese ‘desastre’ inminente, sobre el que tenemos más información que sobre cualquier otro a lo largo de la historia, podría poner en peligro más vidas y medios de subsistencia que cualquier otro desastre que el mundo haya tenido que afrontar”, añade.
Pero aún así, por el momento la cuestión se ha abordado de manera fragmentada; algunos países avanzaron mucho en lo que respecta a protegerse y otros, a pesar de que conocen el peligro, no cuentan con los medios necesarios para actuar.
El cambio climático es el “ejemplo más claro de alerta temprana”
“Los donantes deberían apoyar una constante revisión de los planes de contingencia y posicionar las existencias de suministros de emergencia en lugares estratégicos, basándose en la información de alerta temprana”, escribe Maarten van Aalst, Director Adjunto del Centro de la Cruz Roja y la Media Luna Roja sobre Cambio Climático con sede en La Haya, otro colaborador del informe de 2009.
“Más importante aún, basándose en información fidedigna de alerta de fenómenos inminentes deberían financiar la preparación en previsión de desastres con una antelación de horas, días y, a veces meses, al fenómeno previsto y mucho antes que ocupe los titulares de la prensa escrita.”
“Lo que debería contar es salvar más vidas y evitar aún más las consecuencias adversas, en muchos casos, a menor costo.”
Hambre
En el Informe Mundial sobre Desastres se indica que a principios de 2009 había 6.000.000 de personas aquejadas de inseguridad alimentaria en Zimbabwe, entre los 900 millones que padecen hambre en el mundo entero, es decir, el doble que en 2006, según las cifras citadas.
En diciembre de 2008, la Federación Internacional hizo un llamamiento de emergencia por valor de casi 100 millones de dólares para prestar ayuda alimentaria en el Cuerno de África, uno de los de mayor cuantía de la historia de la organización tratándose de un “desastre oculto”.
Tan solo en Etiopía, casi 5.000.000 de personas necesitan ayuda alimentaria de emergencia este año, según la evaluación humanitaria interinstitucional más reciente en dicho país.
Pero en este caso, la “acción temprana” no es viable porque en término medio lleva casi seis meses hacer llegar ayuda alimentaria internacional a los beneficiarios, según el Informe Mundial sobre Desastres. |