| |
Artículo de Opinión
El agua: un derecho del que
sólo gozan poquísimas personas
21 de marzo, 2003
Por: Tadateru Konoe
Vicepresidente de la Cruz Roja Japonesa y miembro de la Junta de Gobierno
de la Federación Internacional. Encabeza la delegación de
la Federación ante el Foro Mundial del Agua, de Kyoto.
Muchas personas consideran que disponer
de agua potable es natural. Abrimos el grifo y lavamos,
destapamos una botella y bebemos. Sin embargo, a mediados
de este siglo, hasta siete millones de personas podrían
no disponer de agua potable para beber, cocinar y lavar,
ni de alcantarillados básicos. En noviembre pasado,
con el aporte y la desinteresada participación
de la Federación Internacional, se dio un primer
paso para evitar esta vergonzosa situación, cuando
el Comité de Derechos Económicos Culturales
y Sociales de la ONU declaró que el acceso al
agua es un derecho humano imprescindible.
Debemos ser claros: a diario, la salud de millones de
personas está en peligro. El agua contaminada
que se bebe y se utiliza para cocinar es la causa principal
de una serie de enfermedades, entre las que se cuentan
la diarrea, el cólera, la tifoidea, la hepatitis,
la fiebre del dengue y el paludismo. En 2002, 1’600,000
niños pequeños murieron a causa de la diarrea,
una de las enfermedades más fáciles de
prevenir.
En Karachi (Pakistán), tres millones de personas
viven sin agua potable canalizada. En los barrios de
chabolas de Dhaka, en Bangladesh, el 70% de los habitantes
carece de sistemas de alcantarillado, y en el barrio
de Kibera, en Nairobi (Kenya) hasta 200 personas comparten
una misma letrina.
Los problemas son igualmente graves en las zonas rurales,
donde con frecuencia no se dispone en absoluto ni de
agua, ni de sistemas de alcantarillado. Los desastres
naturales como los huracanes o los tifones que afectan
el Caribe o el Asia Meridional, y las sequías
que han arrasado el África y el Asia Central no
han hecho sino agudizar el problema.
En la antigua Unión Soviética, donde solía
distribuirse el agua prácticamente sin cargo,
la situación ha cambiado drásticamente
desde la independencia. La mayoría de los problemas
son a largo plazo y de carácter estructural: una
infraestructura que se desmorona; insuficiente financiación
para el mantenimiento o el reemplazo de los sistemas
de distribución de agua y sistemas de alcantarillado
y el éxodo de técnicos especializados.
Cuando se agrega una guerra civil y sus consecuencias
a este sombrío cuadro, tal como ocurre en Tayikistán,
la situación puede ser catastrófica. Un
conflicto puede llevar al desmoronamiento de la infraestructura
civil -viéndose a veces afectadas las instalaciones
de distribución de agua y tratamiento de las aguas
residuales- así como provocar el desplazamiento
de la población.
Los refugiados y las personas desplazadas no sólo
deben enfrentar la pérdida de sus familiares,
sus tierras y sus pertenencias, sino que también
deben caminar horas para obtener agua, a menudo, en lugares
hostiles y aislados. La comunidad internacional tiene
el deber de ayudar a esas personas vulnerables a evitar
las enfermedades transmisibles por el agua. La Cruz Roja/la
Media Luna Roja desempeña ya su papel -el CICR
ha desplegado actividades en Irak desde 1980, entre las
cuales figuran el mantenimiento y la reparación
de las infraestructuras de agua y saneamiento.
En Tayikistán, donde hace estragos también
el conflicto, la Media Luna Roja ha ayudado a reconstruir
los sistemas de irrigación y ha realizado pozos
perforados. El Gobierno tayiko fue partidario de que
el 2003 fuera declarado "año internacional
del agua potable".
Los gobiernos nacionales y las organizaciones internacionales
gastan grandes sumas de dinero en medicamentos, instalaciones
y personal, en un esfuerzo por curar enfermedades provocadas
por beber agua no inocua y utilizar instalaciones sanitarias
inadecuadas.
En muchos casos, no obstante, la deficiente situación
sanitaria podría mejorarse o incluso evitarse
por completo a un costo muy inferior si esos fondos se
utilizaran mejor en la prevención de enfermedades.
El suministro de agua potable y de instalaciones sanitarias
adecuadas, junto con campañas de educación
en materia de salud pública constituye la forma
más eficaz de combatir las enfermedades que se
transmiten por el agua.
Reconociendo este hecho, la Cruz Roja y Media Luna Roja
considera que el agua y el saneamiento constituyen un
elemento fundamental de su intervención en casi
todos los desastres. Cada día, suministra 20 millones
de litros de agua potable a comunidades vulnerables.
En los últimos 20 años, un millón
y medio de habitantes nepaleses de 18 regiones se han
beneficiado de los programas de agua y saneamiento de
la Cruz Roja, lo cual ha permitido reducir las enfermedades
transmisibles por el agua. Se han desplegado unidades
de intervención en casos de desastre especializadas
en agua y saneamiento en 18 importantes desastres que
tuvieron lugar en los últimos años en distintas
partes del mundo.
Sin embargo, donde quiera que haya pobreza se producen
enfermedades relacionadas con el agua. A menudo, sólo
se accede al agua limpia para consumo humano a un costo
prohibitivo, lo cual obliga a las personas a obtener
el agua en fuentes poco fiables. Las enfermedades que
se producen los incapacitan para encontrar empleo o realizar
las tareas domésticas más sencillas, como
buscar y acarrear agua hasta el hogar.
Los niños y las mujeres constituyen los principales
encargados de proveer el agua y quienes la consumen,
especialmente en las zonas rurales. En ocasiones pasan
varias horas al día caminando y acarreando agua
de las fuentes disponibles. Una fuente de agua limpia
a disposición mejoraría su calidad de vida,
dejando más tiempo para que los niños asistan
a la escuela o para que los padres planten sus campos.
La falta de agua segura priva de dignidad a las personas. ¿Qué puede
amenazar más el bienestar que saber que el agua
de que se dispone para saciar la sed o cocinar podría
provocar nuestra muerte y la de nuestros hijos? La dignidad
de la persona humana es una preocupación fundamental
de la Federación.
A través de los Objetivos de Desarrollo para el
Milenio, los países de todo el mundo están
empeñados en reducir a la mitad el número
de personas que carecen de acceso sostenible al agua
inocua. No obstante, las declaraciones como la iniciativa
de 1980 dirigida por el UNICEF para poner agua potable
y saneamiento al alcance de todos en un plazo de diez
años, y una iniciativa similar proclamada en la
Cumbre de los Niños de 1990 obviamente no lograron
su objetivo.
El Tercer Foro Mundial del Agua, celebrado en Kyoto,
es la reunión más importante que se haya
consagrado jamás a este tema. La Federación
Internacional cree que es imperativo que los gobiernos
y las organizaciones internacionales intensifiquen sus
esfuerzos y aumenten los recursos destinados a actividades
relacionadas con el agua y el saneamiento en todo el
mundo.
|