Somos 6500 millones de seres humanos en la faz de este planeta y 20% de nosotros, vive en situación de vulnerabilidad y pobreza. Si mañana sucediera un sólo fenómeno natural que ejerza su potencia con la misma intensidad sobre todos los países del mundo, no es muy difícil imaginar quienes sufrirían las peores consecuencias.
El clima está cambiando. El aumento de la temperatura atmosférica trae consigo la agudización de los fenómenos meteorológicos, en intensidad y frecuencia pero los desastres relacionados a ellos, no son naturales. Terremotos, lluvias, huracanes, sequías y erupciones volcánicas siempre han estado presentes en La Tierra.
El problema se inicia cuando a esta dinámica, se suman las afirmaciones del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC de sus siglas en inglés), que en su último informe explica claramente que son las poblaciones vulnerables las que más difícilmente se recuperan de una situación de desastre. Entonces, la ecuación da como resultado más afectados, heridos y víctimas entre las comunidades más expuestas a sufrir daños y por supuesto, estancamiento en su desarrollo.
El impacto devastador que pueden tener los fenómenos metereológicos intensos sobre las poblaciones, es producto de la pobreza y vulnerabilidad en la que viven miles de hombres y mujeres.
El calentamiento global es un problema que con frecuencia se ha abordado desde una perspectiva medioambiental. Sin embargo, el tiempo se está encargado de confirmar que éste también es un asunto de interés político, económico y humanitario. A la Federación Internacional de La Cruz Roja y la Media Luna Roja, le preocupa las posibles consecuencias humanitarias relacionadas al cambio climático.
Frente a éste, la Federación Internacional ha intensificado su labor en reducción del riesgo de desastres. Muchas de las Sociedades Nacionales realizan programas de “preparación para el cambio climático”, en el marco de los cuales evalúan las nuevas amenazas, seleccionan interlocutores clave del ámbito del cambio climático en su país y determinan dónde pueden ayudar de forma óptima con la finalidad de afrontar los riesgos crecientes.
Abordar los desafíos humanitarios que plantea el cambio climático, suscita por supuesto, fortalecer las capacidades de las comunidades vulnerables para responder, mitigar y recuperarse de los desastres, pero no hay que olvidar que igual de importante, es invertir en la reducción del riesgo, si queremos minimizar al máximo el impacto.
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