Cruz Roja Costarricense

1 de abril, 2002

Amargos recuerdos

Costa Rica es, como la mayor parte de los países de América Latina y muy particularmente los centroamericanos y caribeños, un país muy vulnerable frente a los desastres naturales, tanto de origen geológico (sísmico y vulcanológico) como hidrometeorológico (inundaciones, sequías, efectos derivados de huracanes).

En la región, en conjunto, se presentan pérdidas por desastres de diverso origen e intensidad que, según estimaciones, al inicio de los años noventa superaban los 1,500 millones de dólares y cobraron casi 6,000 vidas humanas por año, además de decenas de miles de familias afectadas directa o indirectamente al verse desplazadas temporal o permanentemente de sus lugares de residencia o trabajo. Los efectos más graves, además, suelen afectar a los grupos de población más vulnerables y con menores ingresos de la sociedad.

A partir del primer trimestre de 1997 se empezó a conformar la aparición de un nuevo ciclo de alteración climática de El Niño, que se ha caracterizado como uno de los más largos e intensos del presente siglo, y ha afectado con particular fuerza a todos los países ribereños del Océano Pacífico.
En el caso de Costa Rica, en efecto, su presencia tuvo impactos diferenciados en las costas del Atlántico y del Pacífico, asociados a la existencia de microclimas significativamente diferentes en el país. De esta manera, lluvias excesivas y sequías se asocian a las temperaturas anormalmente elevadas y han tenido como consecuencia mermas de producción, que repercuten en un descenso de la calidad de la vida y se suman a los efectos de fenómenos anteriores, como los asociados al huracán César, que generó lluvias torrenciales e inundaciones que golpearon a la parte sur occidental del país en 1996.

Fuente: Informe de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL).