Hambre de 700
mil centroamericanos
se agravará con el fenómeno El Niño
Aunque todavía es muy temprano
predecir la presencia del fenómeno El Niño
y su fuerza, así como también el tiempo
de duración. Los expertos prevén que el
impacto en Centroamérica será catastrófico.
Por: Xavier Castellanos
M.
25 de marzo de 2001
Varios son los eventos que se han
producido que refuerzan la tendencia hacia el desarrollo
de este fenómeno natural, entre otros: a) calentamiento
de las aguas subsuperficiales del océano Pacífico
ecuatorial, b) aumento de nubosidad y precipitación
en las costas occidentales de América del Sur
y en el sector central del océano Pacífico.
Desde junio de 2001 el fenómeno
ENOS (El Niño/Oscilación del Sur) está
en fase neutral, sin embargo, desde hace varios meses,
la mayoría de modelos numéricos internacionales
señalan el eventual desarrollo del fenómeno
de El Niño en el transcurso de este año.
Los datos de enero y febrero 2002 confirman el hecho
de que existen altas probabilidades de que esta tendencia
se confirme. Quedando abril, mayo y junio como meses
cruciales para confirmar la presencia o no de El Niño.
Históricamente este fenómeno
natural ocurre en un período de entre dos y siete
años. La última vez que se presentó
fue en 1997-98 y fue el causante de inundaciones severas
en Perú y Ecuador y de fuertes sequías
en Centroamérica, Australia, Filipinas e Indonesia.
Varios informes sobre el último
El Niño, en 1997, indican que los habitantes
de algunos lugares de las costas de Sudamérica
tuvieron que escapar de lluvias torrenciales que barrieron
sus casas. Muchos ya estaban listos para partir de todos
modos, querían escapar de los insólitos
enjambres de mosquitos que se criaron en las pozas de
lluvias estancadas. Mientras que, lugares normalmente
húmedos, como Australia e Indonesia, fueron azotados
por terribles sequías e incendios, mientras que
en Centroamérica la producción agrícola
e industrial sufrió las consecuencias de la falta
de lluvias, ahondando la crisis económica de
los países de la región.
En los últimos 50 años,
según el informe sobre las condiciones de sequía
observadas en el itsmo centroamericano en el año
2001, presentado por el Comité Regional de Recursos
Hidráulicos, han acaecido nueve eventos de El
Niño con duración de entre 12 y 36 meses
causantes de sequías en Centroamérica.
Los expertos afirmaron que El Niño
podría ocasionar en la región centroamericana,
una sequía más grave que la ocurrida en
2001 que de acuerdo a un informe preliminar de la Comisión
Económica para América Latina ocasionó
pérdidas que ascienden a 189 millones de dólares,
de los cuales 125,5 millones (66%) corresponden a la
producción agrícola e industrial.
Un 26,5% de las pérdidas
(50.1 millones de dólares) están relacionadas
con los mayores costos o los menores ingresos de las
empresas que brindan servicios de electricidad y agua
potable, y 7% (13,4 millones de dólares) con
los gastos en que se incurrió para atender la
emergencia.
Mientras que un informe del Consejo
Agropecuario Centroamericano (CAC) presentado en enero
pasado indica que El Niño provocó pérdidas
estimadas en 475 millones de dólares.
Varias medidas se requiere incorporar
para prepararse para la eventual presencia de El Niño
en la región de Centroamérica y para la
atención a los grupos más vulnerables.
El hambre afectará a unos
700,000 guatemaltecos, salvadoreños, nicaragüenses
y hondureños que hoy en día ya están
afectados por las sequías y que podría
incrementarse si la región enfrenta a El Niño,
y las nuevas sequías que estas ocasionen, ampliando
aún más el deteriorado estado nutricional
y de salud de las poblaciones Centroamericanas. Tema
que está presente en la agenda de las cruces
rojas de la región desde junio de 2001 por lo
que se ha emprendido varias acciones humanitarias relacionadas
con la distribución de alimentos, semillas y
fertilizantes que hasta el momento han beneficiado a
unas 75 mil personas.

Los planes de acción para
enfrentar la contingencia de El Niño incluyen
la preparación de los diferentes organismos de
socorros en la identificación de posibles daños
en saneamiento ambiental, provisión de agua segura,
programas de vigilancia epidemiológica donde
se puedan presentar enfermedades como dengue, malaria,
hepatitis, desnutrición, leptospirosis, etc.
La sustitución de cultivos de larga duración
por otros de corta duración y la reorientación
de las siembras hacia zonas menos afectadas. Así
como también, acciones de alerta temprana que
supone el monitoreo diario de las temperaturas del Océano
Pacífico.
En la mayoría de estas acciones,
las Sociedades Nacionales de la Cruz Roja de Centroamérica
ya tienen una amplia experiencia alcanzada, inclusive
en el campo de la agricultura y el uso de cultivos de
corta duración, con programas que iniciaron hace
tres años, posterior a la ocurrencia del Huracán
Mitch en 1998, y que se retomaron a consecuencia de
las sequías de 2001.

Varias son las consecuencias desastrosas
que el fenómeno El Niño puede ocasionar
en Centroamérica, entre los más evidentes
se destacan:
Disminución de
la producción de granos básicos, café
y pesca, que durante el 2001 ya afectó de manera
significativa a los pequeños productores y
campesinos de Centroamérica, dejando 1.5 millones
de personas directamente perjudicadas por la escasez
de lluvias y la caída de los precios del café
en el mercado internacional. Esto no significa únicamente
falta de granos y de alimentos, sino también,
que se agudizará el nivel de vulnerabilidad
de millones de personas que de por sí ya son
propicias a desastres. El acceso a alimentos será
más limitado, el costo de los mismos será
más elevado, el desempleo irá en aumento,
etc.

Disminución de
la disponibilidad alimentaria que supone serios problemas
de desnutrición y de muerte, principalmente
en niños menores de cinco años que en
el 2001 ya cobró con la vida de varios que
son víctimas de la pobreza y de la inseguridad
alimentaria y de la propia incapacidad de los Estados
de cubrir con las demandas de salud y del creciente
número de personas bajo niveles de extrema
pobreza.
Aumento del desempleo
La pérdida de las cosechas obliga a los productores
a reducir el número de sus jornaleros, pero
de igual manera afecta a otros sectores de producción,
como es el de la industria, que también se
ve sensiblemente afectada y obligada a reducir el
número de empleados o jornaleros, quienes no
solamente se perjudican de la pérdida de empleo,
sino también de la pérdida de los cultivos
familiares.
Conflictos por el acceso
de agua son evidentes en condiciones donde la escasez
de lluvias originan la destrucción de cultivos,
pérdidas en el sector ganadero, así
como también, en del sector industrial que
generalmente se ve afectado por los continuos cortes
de luz eléctrica que afectan el nivel de producción.
Estos y otros elementos se convierten en factores
de discrepancia y de tensión entre diferentes
sectores de la población que pueden terminar
en tensiones de carácter social.
Migración a las
ciudades problema permanente, y en aumento, causante
de varios problemas sociales que parten de la propia
capacidad de los gobiernos locales para dotar de las
necesidades básicas a los asentamientos no
planificados, hasta aspectos que inciden en el aumento
de los niveles de vulnerabilidad reflejadas en la
construcción de viviendas en zonas de riesgo.
La anarquía que se ve expresada en estos sectores
que en muchos casos terminan siendo núcleos
de generación de violencia familiar y social,
de explotación sexual y de trabajo de niños
en labores de alto riesgo.
Estas, como otras consecuencias
directas de El Niño ponen en evidencia la magnitud
y riesgo que se corre en la región de centroamericana
con la presencia de este fenómeno natural. Así
como también, el reto que esto supone a los Gobiernos
locales y nacionales, las organizaciones humanitarias
como Cruz Roja y las propias comunidades para hacer
frente a esta potencial amenaza. A los efectos directos,
se suman consecuencias colaterales que ampliarán
el margen de pobreza y de necesidad en los sectores
más vulnerables. Entre estas consecuencias se
destacan:
Disminución de la
capacidad productiva
Menos acceso a créditos
Incremento de las deudas del sector agrícola
Disminución en el nivel de embalses y
reducción de la generación de energía
hidroeléctrica
Aumento de la generación de energía
termoeléctrica
Aumento de las importaciones
Deterioro de la balanza comercial
Mayor degradación de los recursos naturales
Incremento de los incendios forestales
La gran diferencia entre 1997 y
1998 radica en la capacidad de respuesta de las cruces
rojas de la región. Ahora existe un mayor y significativo
nivel de experiencia en el campo de la salud comunitaria,
el trabajo con comunidades, la preparación e
intervención en desastres y actividades integrales
de desarrollo comunitario. Es decir, podemos referirnos
a cruces rojas más integradas con la comunidad
y focalizadas en áreas estratégicas de
trabajo.


Las sequías de 2001 sirvieron
también de termómetro para valorar la
capacidad de respuesta de las cruces rojas de la región,
sobre todo, a través de una respuesta coordinada
con diferentes actores humanitarios, partiendo de los
propios gobiernos de cada país y la empresa privada,
hasta actores internacionales como el PMA, UNICEF, entre
otros, con quienes se ha logrado emprender relaciones
de trabajo, coordinación y apoyo mutuo en el
campo humanitario.
De junio para acá, aproximadamente
unas 15 mil familias, es decir, unas 50 mil personas
se han beneficiado del trabajo humanitario emprendido
por Cruz Roja en Honduras, Nicaragua, El Salvador y
Guatemala por motivo de las sequías. Esto significa
por lo tanto, la relación directa y contacto
permanente de voluntarios y funcionarios de la institución
con los sectores más vulnerables de los sectores
afectados por las sequías del año pasado.
Por lo tanto, si El Niño
se convierte en una amenaza insalvable, queda la tranquilidad,
que ya hay un camino recorrido que sirve de base para
trabajar con la población en medidas preventivas
para enfrentar las consecuencias de un nuevo desastre.
De hecho, en los cuatro países ya se ha iniciado
la elaboración de planes de contingencia para
responder a las posibles necesidades, se han emprendido
actividades de preparación a voluntarios y funcionarios
en programas de Agua y Saneamiento, mapas de riesgo
y sobre todo, coordinación con diferentes sectores
gubernamentales y no gubernamentales.
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